Uno y sus circunstancias

4min 6 1
Nº1986 - al de Septiembre de 2018
por Andrés Danza

Tenía 94 años y todavía era senador cuando el 6 de mayo de 2013 murió en Roma. Fue en siete oportunidades primer ministro de Italia, el cargo de mayor relevancia política en ese país, varias veces ministro de Estado, senador y diputado. Desde la vieja capital del imperio romano, comandó una de las principales potencias del mundo durante más de medio siglo. Su nombre era Guilio Andreotti.

Ya octogenario realizó una reflexión que se convirtió en una anécdota recurrente en ámbitos políticos. “¿El poder desgasta?”, le preguntaron luego de definir día tras día la agenda política de los italianos por décadas. “Sí, desgasta”, respondió. “Desgasta no tenerlo”, agregó con una sonrisa irónica, característica de toda su carrera. Y así siguió, ocupando cargos de relevancia hasta su muerte.

Nunca fue políticamente correcto Andreotti. Uno de sus fuertes eran ese tipo de reflexiones que quedaron en la memoria colectiva como verdades incómodas. Quizá por eso se mantuvo (incluso luego de una acusación de haber colaborado con la mafia): por decir a sus compatriotas lo que casi todos veían, pero nadie registraba.

Italia no está tan lejos para los uruguayos. A principios del siglo pasado fueron los oriundos de ese país y de otros cercanos los que poblaron la penillanura levemente ondulada y apenas habitada. Contagiaron parte de su cultura, de sus tradiciones y también la forma de hacer política. Acá también lo que desgasta es estar en el llano, aunque no se dice tan abiertamente.

“Circunstancias” es una de las palabras que eligen de este lado del océano Atlántico los políticos más añosos para seguir en la batalla. Las famosas “circunstancias” que siempre están. “No voy a ser candidato en las actuales circunstancias”, dijo Luis Alberto Lacalle en 2007 y lo terminó siendo en 2009. Las “circunstancias” también son las que cambiaron para los expresidentes José Mujica y Julio María Sanguinetti, que preparan roles protagónicos para el próximo año electoral. “Uno es uno y sus circunstancias”, concluyó el filósofo español José Ortega y Gasset y logró en una sola frase una de las descripciones más certeras de la política y del poder. 

De eso se trata, de quien mejor maneje las circunstancias, que son iguales para todos. Y que nadie se confunda: es el poder del que hablaba Andreotti lo que brilla en el horizonte y hacia donde todos caminan. A veces las circunstancias son muy desfavorables y cae una niebla que dificulta elegir bien el rumbo, y otras el día está tan despejado que son los más veloces y no los más viejos los que llegan antes.

Ahora está nublado. Los veteranos lo saben y se mueven como capitanes experientes en un mar hostil, atrayendo todas las miradas. Las preguntas más frecuentes en estos días son: ¿será Mujica otra vez candidato, al menos a vicepresidente? ¿Estará Sanguinetti dispuesto a volver a dar la pelea desde la primera fila?

De Luis Alberto Lacalle nadie duda porque ya resolvió dar un paso al costado para dejar lugar a su hijo. Solo un hijo puede generar ese sacrificio en dirigentes de la talla de los expresidentes uruguayos. Y seguramente Lacalle padre en algún momento del día todavía debe tener ganas de borrar con disimulo el Pou de los carteles que dicen: “Lacalle Pou presidente”.

Así son los políticos más longevos que tiene la tierra de Artigas y por algo llegaron tan lejos. No hay que interpretarlos de forma lineal y con simpleza. Son “de raza”, de esos que estarán siempre un paso por delante y tendrán una estrategia definida para distintos escenarios. No hay jubilación posible en esos casos.

Pero vale la pena una aclaración: tener y manejar el poder no necesariamente es sinónimo de ser presidente. Por más que no se puede descartar, es probable que ni Mujica ni Sanguinetti sean candidatos. Eso sí, lo que es seguro es que buscarán la manera de lograr mantener o aumentar la incidencia que hoy tienen. En definitiva, de eso se trata la política y ellos lo saben mejor que nadie.

Mujica intentará ser el que sume los votos que le faltan al Frente Amplio para llegar a un cuarto gobierno. Hasta fin de año estará evaluando cuál es la mejor forma de lograrlo. Puede ser apoyando a un candidato independiente o integrando la fórmula presidencial o finalmente aceptando encabezarla. Eso lo dirá su olfato, que ha demostrado que lo tiene y de sobra.

Lo que procurará que no ocurra es que otro ocupe su espacio. Mujica ya es un caudillo importante de la historia reciente y uno de los principales líderes del Frente Amplio. Es eso lo que tiene que conservar y cuidar. Lo que ahora está evaluando es cómo hacerlo.

Algo similar ocurre con Sanguinetti. Ya fue dos veces presidente de la República, un logro que apenas tres personas pueden exhibir en toda la historia uruguaya. No está otra vez arriba del escenario para alimentar su ego. Pensar eso sería subestimar a uno de los principales políticos de la historia reciente.

Sanguinetti se dio cuenta de que la próxima es una elección clave porque es casi seguro que nadie obtendrá la mayoría parlamentaria, después de tres períodos en los que ocurrió lo contrario. Y es ahí donde puede tener un rol fundamental, que le devolverá parte del poder que había perdido. Si gana el Partido Nacional, será una de las personas claves en el futuro gobierno de coalición, y es probable que también le pidan colaboración si gana el Frente Amplio. ¿Qué mejor que un socialdemócrata ubicado bien en el centro del espectro político para lograr alianzas de gobierno?

Sanguinetti es un gran analista político y es así como se muestra en cada una de sus apariciones públicas. Para ocupar ese espacio no necesita ser candidato presidencial, aunque es una de las alternativas. Es probable que también recurra a su olfato y a fundados asesoramientos antes de adoptar la decisión final. De todas formas, está claro que su jugada principal es otra.

“¿Va a ser candidato o no? Yo conozco a los de su tipo y dan la pelea hasta el último día”, le dijo Luis Lacalle Pou a Mujica semanas atrás, cuando tuvieron un encuentro mano a mano en uno de los rincones del Palacio Legislativo. Claro que los conoce: se crió con uno, su padre. Capaz que eso le da cierta ventaja, porque para poder ganar y gobernar, tendrá que convivir con ellos. Y si pierde, también.

✔️ Demasiado ego

Regístrate sin costo, recibe notas de regalo.