Salón de los Pasos Perdidos. Foto: Nicolás Der Agopián

Restauración del Palacio Legislativo a siete años de su centenario

Un lifting para los cien años

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Nº1990 - al de Octubre de 2018
Silvana Tanzi

Ahora tiene 93 años y aún luce la elegancia suntuosa de sus primeros días, pero este gigante de mármol viene sufriendo los achaques del tiempo en su estructura y en buena parte de su acervo patrimonial. A siete años de celebrar el centenario de su i­nauguración, el Palacio Legislativo se prepara también para ser refaccionado. Con tal motivo, el Parlamento votó este año una ley para la conmemoración de los cien años, que se cumplirán en 2025, que contempla no solo las ceremonias, sino la preservación y recuperación del Palacio.

Los tres cuerpos que integran el Poder Legislativo destinaron una reserva de dinero (unos 54 millones de pesos) para un fondo de conservación edilicia. La vicepresidenta de la República, Lucía Topolansky, presidenta de la Asamblea General, de la Cámara de Senadores y de la Comisión Administradora del Palacio está especialmente interesada en llevar adelante un plan que vaya más allá de 2025 y garantice la continuidad en las tareas de preservación y “puesta en valor” del Palacio en la ciudad y en su entorno.

“Lo que votamos fue una partida de la Comisión Administrativa, otra de Diputados y otra de Senadores y formamos un pequeño fondo de arranque. En el próximo presupuesto tendremos que agregar más rubros, y el gobierno nacional algo tendrá que poner. El problema es que la conservación patrimonial cuesta mucho. Por eso andamos pasando el sombrero por el mundo”, explicó Topolansky en entrevista con Búsqueda.

La vicepresidenta de la República “pasó el sombrero” en su visita al Parlamento ruso y recibió una buena señal para colaborar en la refacción. También estuvo en China y ahora está en conversaciones para lograr apoyos. “Ellos tienen mucha expertise en mantenimiento de edificios y es lo que nos pueden dar, además del apoyo económico. Tenemos buenos artesanos, pero el peligro es que de buena fe se haga algo que estropee el edificio”.

La última refacción grande que se hizo en el Palacio fue la de los techos de cobre, que estaban deteriorados y dejaban entrar el agua. Las filtraciones habían perjudicado el Salón de Fiestas y la madera que reviste la Biblioteca. En 2009, cuando Nin Novoa presidía la Comisión Administradora, se cambiaron los techos.

La otra refacción importante comenzó con la administración de Danilo Astori y acaba de terminar. Con techo laminado en oro, el salón conserva cuadros de Pedro Blanes Viale y de Manuel Rosé, que los pintó en el lugar. Esas obras fueron restauradas junto con el salón.

Fuera del edificio, se acaba de terminar el arreglo de la explanada sobre Avenida del Libertador, que se estaba hundiendo. Ahora esa explanada es solo peatonal, lo que significa que no se pueden estacionar autos.

Topolansky quiere formar una comisión honoraria para que supervise las refacciones. Está pensando en un integrante por partido con representación parlamentaria, en alguien de la Comisión de Patrimonio, de la Facultad de Arquitectura y de un historiador.

Daños colaterales.

Son muchos los factores que perjudican un edificio de más de 90 años, algunos difíciles de imaginar para el visitante común. El repiqueteo que provoca el tránsito, el smog, el continuo trajinar de funcionarios, legisladores y visitantes, y hasta el roce de telas o banderas en la pared.

La arquitecta Leonor Inda, especializada en museos y patrimonio artístico, es en este momento la encargada de hacer un diagnóstico de la situación del edificio para luego elaborar un plan de acción.

“La fachada del Palacio necesita una refacción con urgencia. Las vibraciones del tránsito y el smog la van perjudicando y eso es exponencial. No es que esté así ahora y en cien años va a ser el doble. Hay que tratar la fachada contra todos los agentes abrasivos que la fueron perjudicando en estos años”, explicó a Búsqueda.

Las cuatro fachadas son de mármoles nacionales extraídos de canteras de Lavalleja, Maldonado y Canelones. El Salón de los Pasos Perdidos está revestido de mármoles, incluso su piso, que también necesita una urgente refacción.

Para Topolansky, los uruguayos “somos harto desprolijos”, por eso una vez que el Salón de los Pasos Perdidos esté totalmente refaccionado, hay que educar a los visitantes. “Los zapatos horadan el piso y tenemos que hacer un manual de utilización del edificio, usar camineros e indicar que por ahí se debe caminar. Eso sé que va a ser para lío, pero vale la pena”.

Igual que los mármoles, el granito de las paredes es nacional y se usaron más de 30 variedades. En el diagnóstico que se está realizando se quiere determinar cuáles son esas piedras.

Otro aspecto que Inda evalúa es la iluminación exterior del edificio. “Para poder ponerlo en valor como símbolo, también hay que iluminarlo con algo actual, pero no se puede hacer de cualquier manera. Esto es un proyecto en sí mismo”, explica Topolansky.

Para Inda, no es importante solo la preservación arquitectónica del Palacio, sino también de sus artes decorativas y patrimonio inmaterial: lo que el edificio representa para todos los ciudadanos. “Hacia adentro existe la memoria de los que han trabajado acá toda la vida, y para la preservación es fundamental, tienen un conocimiento que se ha trasladado de generación en generación. Por ejemplo, en los oficios”. Por este motivo, cuando se reconocieron a algunos de los funcionarios con 30 años de trabajo se los exhortó a que escribieran sus memorias. Algunos de ellos han conservado objetos, por ejemplo, todos los micrófonos que se usaron en las Cámaras.

En 1995 se inauguró el Edificio Anexo, donde tienen sus oficinas los diputados. “En ese momento Pepe tenía el despacho en el Palacio y los corredores tenían como unas casillas. Él siempre dice que su despacho era el cuartito de las escobas. El escritorio de la Secretaría estaba en el descanso de la escalera”, recuerda Topolansky.

Aunque la construcción del Anexo ayudó, el Palacio continúa sobrecargado de despachos y tabiques para separar oficinas. También de aparatos de aire acondicionado que gotean hacia los patios centrales sobre los esgrafiados de las paredes.

“Tendríamos que hacer en el Anexo una torre para los despachos de los legisladores y oficinas para que este edificio quede como edificio patrimonial y funcione solo la Biblioteca y las salas de sesiones. Pero eso es una meta que va más allá de 2025”.

Hallazgos y tesoros.

Cerca de 500 cuadros de artistas nacionales, mosaicos venecianos, esculturas, bajorrelieves, maderas talladas y vitrales visten al gigante de mármol que se declaró en 1975 Monumento Histórico Nacional.

Se inauguró el 25 de agosto de 1925, después de que el Parlamento sesionó casi un siglo en el Cabildo. Coincidió con el centenario de la Declaratoria de la Independencia. Fue entonces que una comisión convocó en 1903 a un concurso internacional de proyectos. Se eligió el presentado por el arquitecto Vittorio Meano, quien murió de forma trágica en Buenos Aires, asesinado por el amante de su mujer.

La construcción del Palacio pasó por varias etapas hasta que la comisión le encargó al arquitecto Gaetano Moretti la dirección de la construcción. Moretti le imprimió un estilo neoclásico y ecléctico, funcional y majestuoso. Construyó, además, una maqueta en yeso armado con los principales detalles de la obra.

Esa maqueta quedó atrapada en uno de los altillos. No se puede sacar de allí porque no pasa por las puertas. “Habría que haberla sacado cuando se cambió el techo, pero no se hizo. Hay que ver si se puede desagregar para exhibirla en los cien años, incluso en los espacios exteriores”, dice Topolansky.

Los depósitos, altillos y casas que pertenecen al Poder Legislativo guardan cientos de objetos cuyo valor es aún incalculable. Ahora también se está haciendo un inventario de lo que puede ser un tesoro escondido o simplemente un objeto descartable.

Inda encontró, casi antes de que lo tiraran a la basura, un álbum con el diseño de las arañas de techo del Palacio, que tiene lámparas de cristal de Murano. Descubrieron entonces que el diseño es de una empresa sueca que aún existe y que pueden conectarse con ella por las lámparas que tienen que reparar.

Un sillón que perteneció a Rivera, estatuas que en algún momento se sacaron de su soporte y dejaron nichos vacíos y un busto de José Batlle y Ordóñez fueron algunos de los objetos que aparecieron en este inventario.

Para Topolansky, los cuadros que integran la pinacoteca deberían sacarse de los despachos y exhibirse a los visitantes. Ella misma tiene en el suyo un Figari que hay que restaurar. Su despacho es una muestra del estilo del Palacio: los posabrazos de los sillones tienen tallados unos pájaros en madera y el escritorio está rodeado de una guarda de estilo griego, que es la misma que se replica en los ascensores y en otros lugares del edificio. “Era un diseño de Moretti y hay que ponerlo en valor. Ese diseño simboliza y hace al conjunto del Palacio”, dice Inda.

Una época de esplendor.

El arquitecto Marcelo Danza, decano de la Facultad de Arquitectura, recibió la invitación de Topolansky para que la Facultad participara en las refacciones del Palacio. Danza está de acuerdo con esta propuesta y seguirá en conversaciones.

“Cuando se construyó tenían una nobleza enorme, lo que hace que al día de hoy llegue en buen estado. Pero se hace necesario un mantenimiento, como en cualquier construcción de más de 80 años. Montevideo tuvo construcciones de muy buen nivel entre 1880 y 1950. En las primeras décadas del siglo XX se construía el Estadio Centenario, se llamó a concurso para el Hospital de Clínicas, se construyeron las facultades de Medicina, de Química, el edificio de la Universidad. Imaginate lo que sería para un montevideano ir por la calle viendo estas obras en proceso. Una persona que visitó Montevideo en 1920 y regresó en 1940 encontró una ciudad completamente diferente”, explicó Danza a Búsqueda.

La Facultad de Arquitectura tiene un diploma en Intervención Arquitectónica en Edificios Patrimoniales que dirige el arquitecto William Rey y que sería una de las áreas que podría intervenir en la refacción del Palacio.

“Es importante todo el contexto urbanístico”, dice Danza. “El Palacio Legislativo tiene sentido no solo como edificio, sino como un elemento estructurador de Montevideo y todo el contexto de alrededor está esperando el marco para el que fue pensado. Hay un nivel circulatorio que se fue solucionando con algunas intervenciones, pero hay mucho para reconfigurar del espacio circundante. Por lo tanto, no es solo un edificio”.

Para Danza, en estos siete años que faltan para el centenario se puede hacer una intervención urbanística más ambiciosa para completar el proyecto que se puso en movimiento cuando se creó el Palacio. “Aquella generación que construyó tan bien nos pasó la responsabilidad de conservar sus edificios. Además tenemos que pensar la ciudad para dentro de 80-100 años, es decir, qué edificios estamos haciendo hoy para que alguien, y ojalá pase, esté preocupado por cómo mantenerlos”.

Con el difícil equilibrio entre la preservación y el uso, el edificio más emblemático de la democracia uruguaya comienza a ponerse a punto para festejar sus primeros cien años.

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