Ricardo Darín vuelve con El amor menos pensado, una comedia sobre las preguntas que se hace un matrimonio sobre los sentimientos, la pasión y el enamoramiento, después de 30 años de convivencia

“Todo lo que se parezca a la vida real es más complicado, porque somos todos expertos”

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Nº1990 - al de Octubre de 2018
Escribe: Patricia Mántaras

Si Darín hubiera tenido la última palabra, la cartelera de cine estaría mostrando en este momento una comedia llamada El abismo. “Era un título catastrófico, pero lo tiré porque (cuando te separás) estás como en un abismo”, explicó en tono de broma, aunque cuando lo propuso en el grupo de WhatsApp —que también integraban Mercedes Morán y el director Juan Vera— estaba convencido de que era un acierto. “Insistí mucho. Al final me decían: sí, ya viene la enfermera”. El amor menos pensado: con ese título se estrenó en Montevideo (también en San Sebastián y Buenos Aires) la opera prima de Vera, que protagonizan Darín y Morán, una dupla que en palabras del actor se entiende tan bien “como Messi y Suárez”.

El guionista de 2+2 y Mamá se fue de viaje se inició como director con esta comedia sobre un matrimonio que ronda los 50 años y decide separarse y volver a vivir la soltería y la conquista, con picos de adrenalina e intentos fallidos incluidos.

Darín es Marcos, un señor que —según el propio actor—, “se parece a muchos otros señores que atraviesan una etapa de su vida similar, y que probablemente se hagan preguntas muy parecidas”. Con esta película, que puede definirse como una comedia romántica, con diálogos que apuntan (y aciertan) al sentido del humor de la mayoría de los espectadores mayores de 40, el actor inauguró la productora Kenya Films que emprendió junto a su hijo, el Chino Darín.

Recién llegado del Festival de San Sebastián, que abrió con esta película, Darín estuvo en Montevideo junto a Vera para presentar El amor menos pensado, una de las dos películas (la otra es Todos lo saben, del iraní ganador del Oscar Asghar Farhadi) que lo tienen como protagonista y conviven en los cines. El amor… despliega un elenco de lujo, en el que también brillan, desde papeles más pequeños, Norman Briski, Claudia Lapacó, Chico Novarro, Juan Minujín y Andrea Pietra.

De esta historia de amor habló con galería, y también del vínculo con sus hijos, de las sutilezas que diferencian a las comedias “elegantes” de las otras, y de qué película reciente lo deslumbró.

¿Qué tenía de especial esta película para que decidiera que fuera la primera de su productora, Kenya Films? En principio nos gustó mucho el guion, el nivel de los diálogos, que son verosímiles; la comedia se escapa a veces de la verosimilitud y ahí es donde creo yo comete un error. En este caso me gustó el balance de los diálogos y, más allá de estar apoyado en situaciones que pueden ser tomadas como dramáticas o traumáticas, notamos que el humor se desprendía con naturalidad y no empujado, por un lado. Y, por otro lado, la decisión de participar partió de la invitación de Patagonik, que nos pareció prudente y adecuada. Se juntaron una serie de factores que eran muy amables como para atrevernos a dar ese paso.

Las comedias románticas, como esta, suelen ser un género subvalorado por la crítica. ¿Qué vínculo tiene con el género? ¿Lo consume? Sí, todos lo consumimos consciente o inconscientemente, porque nuestra educación ha sido apoyada en muchos casos sobre la comedia y la comedia romántica. Ahí es donde, precisamente por ese ejercicio, detectamos cuándo una cosa está bien hecha y cuándo está empujada. Cuándo es una comedia amable y elegante, y cuándo está definitivamente apoyada en una sucesión de gags, que es otro tema y que está bien que sea así, porque incluso hay muchas que están muy bien hechas y que lo agradecemos. Pero ahí es donde se produce una confusión, y posiblemente por esa confusión o ese borroneo de la frontera entre un estilo de comedia y el otro, es que se deba el hecho de que no goce de tanto prestigio la comedia, lo cual es muy injusto, porque creo que es lo más difícil de hacer.

¿Por lo difícil que es hacer reír? Sí, en realidad hacer reír puede ser fácil; podemos apelar a herramientas o a tácticas que sean muy efectivas pero no muy recomendables. En cambio, contarte una historia en donde más que hacerte reír te arranque una sonrisa, reconozcas la autenticidad de la situación, eso es más difícil, porque es muy complejo. Todo lo que se parezca a la vida real siempre es mucho más complicado, porque en eso somos todos expertos, la conocemos de memoria.

El nido vacío. En su familia lo acusan de ser un “acumulador serial”, de “juntar porquerías y cosas que están impregnadas de un valor más emocional que práctico y material”. Ya no intenta defenderse, dice, porque “la verdad es que siempre tienen razón”. Su debilidad son las miniaturas, cualquier cosa que reproduzca a escala algo que suele tener dimensiones más grandes. Las conserva hasta que hay “una especie de razia” en su casa que lo hace desprenderse de gran parte de estos objetos inútiles que ha ido atesorando.
Esa tendencia a acumular se vuelve terriblemente problemática cuando una pareja se separa y toca dividir y embalar o deshacerse de los bienes. “En ese sentido las mujeres son un millón de veces más inteligentes que nosotros. Es como si hubieran hecho un curso acelerado de desprendimiento y nosotros no. Mi viejo siempre decía que uno tendría que andar muy ligero de equipaje porque todo eso son anclas, son cosas que te van tirando para abajo, y yo creo que Juan (Vera) y (Daniel) Cúparo (coguionista) hacen una especie de velado o satírico homenaje a lo que es el desprendimiento de las cosas materiales; lo colocan a Marcos en una posición frente a esto y a Ana (Morán) definitivamente en la vereda opuesta, y creo que eso no solo es gracioso, es inteligente y profundo también”.

El puntapié de la historia es también un tema bastante cotidiano, que es el nido vacío. ¿Ya le tocó vivirlo en carne propia? Sí, lo que pasa es que cuando uno dice “nido vacío” es cuando definitivamente queda vacío. En el caso de mi mujer y mío, nuestros hijos han sido lo suficientemente amables y amorosos como para no hacérnoslo sentir en forma tan precipitada y abrupta. Se fue dando en forma más episódica, de a poco, y como además creo que nuestra casa es un lugar al que les gusta volver, lo hacen con mucha frecuencia, entonces casi que no se nota. Pero sí, a mí me cuesta un poco más, yo soy un poco más gil en ese sentido. Mi mujer es muchísimo más piola y me ha dicho cosas como “bueno, tranquilo, asumilo, la nena no duerme en casa, tiene su propia casa” (risas). Porque cada vez que llego y me dice: “Pa, me voy”. Le digo: “¿A dónde vas?”. “A mi casa, ¿a dónde voy a ir?”. Después se convirtió en una broma, a veces se lo digo a propósito, porque me gusta su reacción. Pero ellos fueron muy amables en ese sentido, nunca nos lo hicieron sentir así como un abandono, fue una cosa más paulatina y amorosa.

Hablando del vínculo con los hijos, ¿cómo es para usted que su hijo, el Chino, siga su mismo camino? Él ha hecho su camino por otro lado. Ahora nuestros caminos tienden a tener algunos puntos en común a partir de la productora, pero normalmente estamos trabajando en latitudes distintas y eso es probablemente lo que hace que me sorprenda un poco a veces de su evolución, de su crecimiento, de sus decisiones. Hace unas elecciones para mi gusto muy equilibradas e inteligentes, y valientes. Eso me produce mucha admiración, porque no estoy al tanto de cuál es su caja de herramientas. Lo que lo veo es, como los espectadores, crecer y evolucionar. No estoy al tanto del día a día; hablamos mucho, discutimos, intercambiamos. Ahora que surgió lo de la productora estamos un poco más ensalzados, pero desde otro ángulo. No lo analizamos tanto como actores sino con la responsabilidad de desarrollar un proyecto.

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¿No le ha dado ningún consejo? No. Él tiene un temperamento muy formado, por decirlo de una forma prudente. Su temperamento, carácter, sus convicciones, son muy férreas y no me hubiera atrevido nunca a bajarle línea y decirle qué sí y qué no. Claramente, desde el principio me di cuenta de que él había decidido tomar un camino propio, y eso es lo loable, porque ni siquiera utilizó el apellido en común para abrir puertas. El tipo hizo todos los castings que tenía que hacer, fue rebotado de miles, fue aceptado por sus propias condiciones y su capacidad, y eso es por lo que yo siento un gran orgullo. Por supuesto que cuando era más chico, hace, ponele, 10 años, cuando arrancó a contarme esta idea de que quería dedicarse a la actuación, después de haber estudiado y pasado por talleres y demás, tuvimos algunas charlas, como sucede en toda familia, o de sobremesa, pero intercambiando pareceres, nada más. Yo nunca me consideré muy capacitado para dar consejos porque soy bastante caótico y siempre estoy cambiando de parecer.

¿Es una característica tuya? Sí, siempre estoy en movimiento, no me quedo muy enquistado en cosas porque creo que el mundo está en movimiento permanente. Estamos obligados a revisar nuestras propias creencias, porque una cosa es tener una convicción férrea, y otra cosa es que eso se convierta en una especie de quiste, de decir de acá no me muevo y quiero que el mundo se ajuste a lo que yo creo. Me parece que lo que hay que hacer es al revés, tratar de reinterpretar qué es lo que está ocurriendo, cómo se mueve el mundo, hacia qué lado, de qué forma. Entonces es difícil dar consejos. Además, las experiencias de uno difícilmente las pueda aplicar otro, porque los contextos cambian, la coyuntura es distinta. Es complicado.

La pareja

Cuando las respuestas son previsibles y habilitan a seguir por el mismo camino de siempre, hay que hacerse las preguntas correctas. Esas que tiene como contrapartida una palabra incómoda. Y cuando esas ideas u otros pensamientos cuestionan, pueden ser los que terminen sacudiendo los cimientos de una relación aparentemente sólida.

La película habla un poco de esos cambios que experimentan las personas con los años, que muchas veces llevan a que los miembros de una misma pareja crezcan en direcciones distintas y surjan las preguntas. En este caso le toca a una pareja de 50 años, y de alguna manera la película viene a llenar un vacío, porque no hay muchas que retraten los conflictos del amor a esa edad… Me parece que todas las dilaciones humanas son interesantes, porque un poco nos hablan de lo que nos ha ocurrido, y en otros casos nos hablan de lo que posiblemente nos pueda ocurrir en el futuro. Como todo está en movimiento, no está mal enterarse de las posibilidades, hay cierto atractivo de ver lo que podría pasar. Sobre todo en el caso de esta pareja, que si bien es cierto que es una pareja grande, adulta, es todavía una pareja activa; no hablamos de ancianidad, que es otro tema. Entonces me parece que muy probablemente haya mucha gente que se pueda identificar con la zona en la que ocurren estas preguntas internas, más allá de que las reacciones puedan ser distintas y cada caso es absolutamente distinto.

¿Qué películas que haya visto en el último tiempo recomienda? ¿O a qué cineasta o actor cree que hay que prestarle atención? Vi una película que me impactó muchísimo en Cannes, que se llama Cold War, Guerra fría, de un polaco (Paweł Pawlikowski). Me enteré el otro día por casualidad que es una de las películas que van a buscar un Oscar, y si es así me parece que es una gran candidata, porque es una joya, una obra maestra. Con la actuación de una mujer, una actriz increíble, que no recuerdo exactamente el nombre pero lo podés googlear (Joanna Kulig). Es descomunal, impactante. No entiendo cómo todavía no le han dado todos los premios que están dando, como tampoco entiendo cómo no se los dieron a Mercedes Morán en San Sebastián. Llevó cuatro películas, quisiera saber cuántas actrices están en cuatro películas a la vez.
 

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