Raúl Echeberría. Foto: Agesic.

La premisa de que “todo el mundo está conectado” es falsa, porque la realidad es que solo “la mitad lo está”: “Cada minuto que pasa, la diferencia de oportunidades entre los que estamos conectados y los que no crece, y mucho”, opina el vicepresidente de Internet Society, Raúl Echeberría

Se precisan más mujeres involucradas en el desarrollo tecnológico para reducir el “sesgo” de género que tiene Internet, dice experto

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Nº1985 - al de Septiembre de 2018
entrevista de José Peralta

Consultar el estado del tiempo, leer las noticias, comunicarse con contactos, pagar las cuentas, ordenar comida, hacer transferencias bancarias. Las acciones de la vida cotidiana que hoy se realizan a través de Internet son casi ilimitadas. Sin embargo, esa realidad no es tal para la mitad del planeta, y eso es algo que desde la organización Internet Society pretenden modificar.

Internet Society formó parte de la reunión latinoamericana del Foro de Gobernanza en Internet, un evento donde se reúnen representantes del gobierno, empresas, asociaciones civiles y técnicas del continente para debatir y alcanzar acuerdos sobre los criterios para el desarrollo de Internet. Realizada en Buenos Aires a principios de agosto, la reunión marcó un cambio en las preocupaciones regionales, que dejaron de ser solo de carácter tecnológico para centrarse “en temas más vinculados a las personas, como la inclusión y las desigualdades de género”, contó a Búsqueda Raúl Echeberría, vicepresidente de Internet Society.

“Llegamos a un punto en que los desafíos ya no pasan solo por el desarrollo de la tecnología sino también por cómo se usa esa tecnología. Estamos en un punto de inflexión donde el futuro de Internet depende de cómo nosotros lo diseñamos y formamos”, afirmó.

Para el especialista, es clave entender que la premisa de que “todo el mundo está conectado” es falsa, porque la realidad es que solo “la mitad lo está”. Eso lleva a que “cada minuto que pasa la diferencia de oportunidades entre los que estamos conectados y los que no lo están crece, y mucho”, sostuvo.

Echeberría destacó que la desigualdad de género existe en Internet con datos “contundentes” que demuestran que son más las mujeres que no están conectadas que los hombres. Además, hizo hincapié en que hay que “incentivar” la participación de las mujeres en el desarrollo y la elaboración de contenidos tecnológicos para evitar el “sesgo” que les dan los hombres, que son en su gran mayoría los que intervienen en estos procesos.

“Las tecnologías están desarrolladas para responder a las expectativas y necesidades culturales de quienes las desarrollan”. Entonces, si son fundamentalmente hombres quienes lo hacen, “obviamente tendrán un sesgo de responder más a las necesidades de ese género”, añadió.

—¿Cuál es el objetivo de reuniones como la de Buenos Aires?

—Son instancias de participación de todos los actores vinculados a Internet y se discuten temas relevantes del sector. Hay representantes del gobierno, de la sociedad civil, del mercado privado. No es una conferencia vinculante y aun así hubo una nutrida participación gubernamental, entre ellas estuvo la del gobierno uruguayo. La agenda va evolucionando de acuerdo a los desafíos del momento. Llegamos a un punto en que los desafíos ya no pasan solo por el desarrollo de la tecnología sino también por cómo se usa esa tecnología. Estamos en un punto de inflexión donde el futuro de Internet depende de cómo nosotros lo diseñamos y formamos. Tenemos que reflexionar si queremos una Internet que impacte positivamente en la vida de todos o sea simplemente una plataforma comercial para desarrollar los negocios y emprendimientos de unos pocos. Cuando querés construir una Internet centrada en las personas, hay muchos temas que empiezan a cobrar una especial relevancia, como las regulaciones, la privacidad de los datos o la perspectiva de género.

—¿Por qué cree que se llegó a ese punto de inflexión ahora?

—Durante muchos años Internet no era un elemento fundamental en la vida de las personas, era algo que se tenía, pero no era parte de la vida. Hoy la mitad del mundo tiene Internet o está conectada, es una parte intrínseca de todas las actividades humanas, lo cual hace que todos le prestemos más atención: desde los gobiernos con ideas de regulación y controles hasta la sociedad civil con proyectos de accesibilidad y difusión.

En los proyectos de regulación hay siempre una oportunidad de hacer cosas que impacten positivamente en nuestras sociedades y también el riesgo de hacer cosas que impacten negativamente. Ahí es donde el debate y el diálogo es importante. Lo más importante de esta premisa es que vivimos pensando en que todo el mundo está conectado porque, claro, nuestra parte del mundo está conectada, pero la realidad es que la mitad del mundo no lo está, lo cual genera una brecha muy significativa en las oportunidades que tienen las personas. Cada minuto que pasa, la diferencia de oportunidades entre los que estamos conectados y los que no lo están crece, y mucho.

Es un momento de inflexión, porque en una situación en la que podríamos estar celebrando el hecho de que la mitad de la población mundial está conectada, en realidad es más importante que la otra mitad no está conectada. Todas las cosas que hacemos de forma cotidiana como comprar entradas para un concierto o mirar ofertas de trabajo o trabajar online, mandar mensajes en diferentes plataformas, comunicarnos con gente que está lejos, todo eso que para muchos son actividades naturales y son su forma de vida, para la mitad de la población no están disponibles.

"Estamos en un punto de inflexión donde el futuro de Internet depende de cómo nosotros lo diseñamos y formamos".

—Entonces la tecnología hoy aumenta la brecha de oportunidades...

—En parte es así, es una brecha de oportunidades, es una brecha tecnológica y este es el principal desafío que se discute en estos encuentros: cómo tener enfoques innovadores que aceleren la inclusión de esta parte del mundo que hoy está por fuera.

—¿Cómo se combina una Internet “para todos” con las ideas de regulación y control que promueven algunos gobiernos?

—Lo primero es ser conscientes de que los problemas del siglo XXI requieren de soluciones del siglo XXI. Los desafíos del futuro no se pueden enfrentar con herramientas del pasado, por eso tenemos que modernizar nuestras herramientas de política pública, de la cual la regulación es una de ellas. A veces los gobiernos, basados en preocupaciones muy razonables, toman medidas que terminan generando impactos no deseados. La forma de evitar este tipo de cosas es que la creación de políticas públicas se haga en conjunto con varios actores, porque hoy es pedirle demasiado a un gobierno de un país que tenga toda la expertise necesaria para abarcar una serie de complejidades tecnológicas que cada vez es mayor. Tenemos que aprovechar la experiencia de la sociedad civil y del mercado para la construcción de estas políticas. La reunión de Buenos Aires es un ejemplo de este tipo de modelos participativos. Hay regulaciones inaplicables porque no se condicen con la esencia de Internet, en algunos casos porque son de otro siglo y en otros porque fueron creadas con una perspectiva muy local

—¿Por ejemplo?

—Una regulación inaplicable es, en un país chico y con un poder de negociación bajo, intentar aplicarles regulaciones a empresas globales para que adapten sus modelos de negocios a escala local. Eso pasó en Uruguay cuando empezó a trabajar Uber, y también lo hemos visto en muchos otros países. En estos casos siempre aparecen ideas que son inaplicables porque tu poder de negociación no alcanza para aplicarlas. Finalmente, como pasó en Uruguay, se termina optando por negociaciones conversadas. También hay que tener cuidado con la regulación, porque a veces terminás cortando la innovación tecnológica.

"Los desafíos del futuro no se pueden enfrentar con herramientas del pasado, por eso tenemos que modernizar nuestras herramientas de política pública".

—Durante la conferencia, cuando habló de una Internet enfocada en las personas, hizo énfasis en la desigualdad de género en la red. ¿Cómo se visualiza eso y qué se puede hacer para cambiarlo?

—Los datos son contundentes y se sabe que son más mujeres que hombres los que no están conectados. Eso es un desafío concreto. Nos planteamos qué significa incluir la perspectiva de género en estos aspectos de tecnología. Si bien se puede decir que las tecnologías no tienen género, eso no es del todo verdadero. Las tecnologías están desarrolladas para responder a las expectativas y necesidades culturales de quienes las desarrollan. Entonces no es que las tecnologías sean desarrolladas con el objetivo de que sean para hombres, pero si tanto estas como los servicios en Internet son desarrolladas fundamentalmente por hombres, obviamente tendrán un sesgo de responder más a las necesidades de ese género. Tenemos que involucrar más mujeres tanto en la elaboración como en el desarrollo de tecnologías y contenidos. En Internet Society tenemos muchos programas vinculados a esta idea de aumentar la participación de las mujeres. Hace poco organizamos una jornada internacional donde tuvimos mujeres editando contenidos en Wikipedia de información sobre mujeres. Hay que estimular a que intervengan más y para eso hacen falta programas de apoyo concretos, que haya formación técnica para que ellas puedan tener una participación más activa en ese sector. Hay que bajar a tierra la idea de perspectiva de género y estos son algunos ejemplos de cómo puede hacerse, cómo podemos mejorar la equidad de género en Internet. Es la misma idea de lo que pasa en el Parlamento: si todos los legisladores de un país son hombres, las leyes que produzcan corren el riesgo de tener una visión sesgada de la sociedad.

—Si se superan los desafíos que mencionó, ¿cómo ve usted una Internet definitivamente enfocada en las personas?

—Es un trabajo de todos los días, no creo que se llegue a un punto definitivo. Hay muchas organizaciones que tenemos ese objetivo, que Internet sea en beneficio de las personas, que sea una herramienta para mejorar el ejercicio de los derechos humanos, que ayude a generar igualdad. Hay que promover políticas de inclusión con grupos que se sabe integran en su mayor parte ese sector del mundo que no está conectado: gente con discapacidad, gente que vive en lugares alejados, la población más envejecida. Hay que apuntar a políticas que promuevan impactos en este tipo de grupos, porque sin duda ayudarán a cerrar la brecha entre los conectados y los no conectados.

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