El libro 38 estrellas. La mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia, de Josefina Licitra, saca a la luz peleas en el MLN, diferencias entre las hermanas Topolansky y cuestionamientos a la maternidad y a la homosexualidad entre los tupamaros. Una entrevista a Josefina Licitra

Relato de un gran escape

10min
Nº1986 - al de Septiembre de 2018
Escribe: Elena Risso

Montevideo, 30 de julio de 1971. Un grupo de 38 presas políticas huyó por las cloacas de la cárcel femenina de Cabildo, en un operativo armado con mucho cuidado y ayuda del exterior. La mayoría de las mujeres pertenecían al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) y entre ellas se encontraban la hoy vicepresidenta Lucía Topolansky su hermana María Elia, y otras integrantes destacadas de la organización, como Yessie Macchi, Graciela Jorge o Alicia Rey, pareja de Amodio Pérez.

La fuga, que se conoció como Operación Estrella, inspiró el libro 38 estrellas. La mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia (Seix Barral), de Josefina Licitra. La periodista argentina, además de contar el hecho con un ritmo cinematográfico, incluye detalles poco conocidos sobre desavenencias de la organización, peleas entre las hermanas Topolansky y cuestionamientos del MLN al rol de la mujer y a las relaciones homosexuales.

Licitra (La Plata, 1975) es considerada una de las periodistas latinoamericanas más destacadas del momento y referencia ineludible del periodismo narrativo. Es editora de la revista Orsai, y en 2004 ganó el premio al mejor texto periodístico de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez. Es autora de varios libros y sus crónicas forman parte de publicaciones internacionales y antologías que recogen lo mejor del género.

Para escribir este libro se nutrió de una amplia bibliografía uruguaya, en la que se incluyen algunos textos críticos con el accionar del MLN. De todas maneras, Licitra no oculta cierta admiración por el movimiento y por algunas de esas mujeres en especial (ver recuadro), a pesar de que reconoce que participaron en hechos de sangre en los que murieron personas. La autora hace referencia a los episodios que se identifican con la etapa Robin Hood de los tupamaros —como robos a grandes compañías para repartir entre sectores carenciados o el uso de vehículos que después se devolvían a sus dueños—, pero también aborda situaciones más graves, como secuestros o la muerte del agente estadounidense Dan Mitrione.

38 estrellas. La mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia, de Josefina Licitra. Seix Barral, 190 páginas, 590 pesos.
38 estrellas. La mayor fuga de una cárcel de mujeres de la historia, de Josefina Licitra. Seix Barral, 190 páginas, 590 pesos.

Sobre él, dice Licitra, había dos versiones: una que decía que fue testigo de interrogatorios sin participar en torturas, y otra, extraída de las referencias de un miembro de la inteligencia cubana infiltrado en la CIA, que señalaba que Mitrione asesoraba a la policía uruguaya en métodos de tortura. Según Licitra, “no hay pruebas de que estas afirmaciones fueran veraces”, pero los tupamaros tomaron esa versión por válida y lo mataron de cuatro balazos. Votaron “a favor de su ejecución” las hermanas Topolansky y Macchi, una de las guerrilleras que “llegó a matar en combate”.

Además de recoger los testimonios de las protagonistas, el libro hace un repaso de la situación del país en esos años, con algunas apreciaciones que son al menos polémicas. Por ejemplo, dice que en 1971 “lo que sobrevivía” de las instituciones de Uruguay fue a elecciones dentro del sistema de ley de lemas. De ellas, asegura, salió un resultado “poco representativo de la voluntad popular” porque el Partido Colorado tuvo el 49% de los votos, pero a Juan María Bordaberry solo lo respaldó el 22% de la población, mientras que a Wilson Ferreira el 25%. “Bordaberry, por lo tanto, llegó a la presidencia con un nivel de legitimidad muy bajo. La mayoría de los uruguayos no lo apoyaba y hasta la Embajada estadounidense lo había definido en un informe como ‘claramente no brillante’”.

LAS TOPOLANSKY

María Elia, conocida como La Parda, y Lucía Topolansky son gemelas. Fueron criadas para ser “señoritas patricias”, vivían en Pocitos y asistieron al colegio Sacré Coeur. Luego estudiaron en el IAVA y en la Facultad de Arquitectura. Cuando el padre enfermó de cáncer, ellas y el resto de sus hermanos empezaron a trabajar. Las gemelas se vincularon al MLN y terminaron presas juntas en Cabildo en 1971.

La Parda era defensora de la lucha armada y fue una de las encargadas de hacer el mapa de las cloacas por las que se movían los tupamaros. La Operación Estrella fue su segunda fuga, porque ya había escapado de Cabildo dos años antes. En un momento se distanciaron con Lucía por las diferencias relacionadas con el rumbo del movimiento, y ese alejamiento quedó en evidencia en una escena que se describe en el libro. “Cuando La Parda entró al pabellón, su hermana ni se molestó en levantarse a darle la bienvenida. La Parda notó el desprecio. Saludó a sus compañeras que se habían acercado y después fue hasta la mesa donde estaba Lucía. Miraba hacia abajo: estaba tejiendo crochet. ‘Hola’, dijo La Parda. Lucía levantó la vista. ‘Qué tal, ¿cómo te va?’, respondió y volvió al trabajo manual”.

AMOR Y MATERNIDAD

En el libro se mencionan varias relaciones de pareja que se dieron en los años previos a la caída en prisión de los tupamaros. Por ejemplo, La Parda se casó con Leonel Martínez Platero, que después fue pareja de Yessie Macchi. Martínez Platero fue asesinado en un operativo en el que también cayó Macchi, que estaba embarazada de él, y perdió el bebé como consecuencia de los golpes recibidos.

Antes, Macchi había sido pareja de José Mujica. En ese sentido, Licitra recuerda que el expresidente fue “su primer objetor”. “Pepe le reprochaba las minifaldas porque decía que eran de pequeñoburguesa, pero Yessie las usaba igual. Eran su ropa de secretaria y le gustaban”. Lucía Topolansky, al momento de fugarse de la cárcel, era pareja de Armando Blanco Katras, y más tarde inició el vínculo con Mujica. Entre las mujeres que escaparon de Cabildo también estaba Graciela Jorge, pareja de Eleuterio Fernández Huidobro, con quien tuvo un hijo. Hace unos años, Jorge escribió el libro Historia de 13 palomas y 38 estrellas, sobre el escape de la cárcel.

La maternidad es otro de los puntos sensibles que toca el libro. En ese sentido, se menciona, por ejemplo, el caso de América García, que era pareja de otro tupamaro, Héber Mejías Collazo, que a su vez estaba casado. Tuvieron tres hijos y él finalmente se separó de su mujer para tener una relación formal con América. Cuando nació la primera niña, estaban en la clandestinidad y dejaron a la bebé a cargo de familiares. Se reencontraron con su hija cuando la niña tenía ocho años.

Entre los episodios relacionados con el MLN y la maternidad, vuelve a aparecer como protagonista Yessie Macchi. Después de perder su anterior bebé, y estando presa, quedó embarazada de un compañero suyo, Mario Soto, porque quería cumplir con su deseo de ser madre. Para poder estar juntos, él empezó a hacer trabajos manuales para sus captores a cambio de  ratos a solas con ella.

Macchi “quedó bajo los ojos de decenas de mujeres que habían entregado su edad fértil a un movimiento que había desaconsejado abiertamente la maternidad. Algunas habían abortado varias veces, esperando que llegara el momento adecuado para tener un hijo; otras habían entrado en la menopausia en el encierro, otras dejaron de menstruar por los nervios o la mala alimentación o las golpizas. Y muchas vivieron el embarazo de Yessie como una doble traición. Por un lado, se creía que las prerrogativas de Soto no tenían que ver con sus manualidades sino con que era un alcahuete. Y por otro, las mujeres vieron en la maternidad de Yessie un reflejo invertido de sus propias carencias, el hijo que nunca llegarían a tener”.

Yessie Macchi “quedó bajo los ojos de decenas de mujeres que habían entregado su edad fértil a un movimiento que había desaconsejado abiertamente la maternidad. Algunas habían abortado varias veces, esperando que llegara el momento adecuado para tenerun hijo”.

Según La Parda, “todas” en mayor o menor medida le hicieron pagar a Macchi ese embarazo y por eso muchas dejaron de hablarle en la cárcel.  Esto se lo contó Topolansky a Licitra, en su chacra de Paysandú, donde la periodista cuenta que durmió la siesta en su sillón, y de donde volvió “conmovida por una de las mentes más agudas que tuvo y que tiene la izquierda uruguaya”.

En el libro también se cuenta que la homosexualidad “estaba muy mal vista” en el MLN y que por eso mientras tuvieron secuestrado a Ulysses Pereira Reverbel, algunos se habían “burlado” de su orientación sexual llamándolo “pajarita”, “magdalena”, “marica” o “vieja enfurecida al borde de la histeria”. En el caso de las mujeres, escribió la autora, había dos presas que eran pareja y que el resto en la cárcel lo sabía. Una era “un cuadro aguerrido del movimiento, nacido en el interior”, que había tenido una hija con un tupamaro, y la otra “era hija de un militar”.

EN FILA

Al momento de la fuga, en la cárcel había 42 militantes de izquierda. Cuatro no quisieron escapar, porque estaban por cumplir sus condenas o porque estaban embarazadas. El orden de salida se hizo en tres partes: primero, las que tenían condenas más extensas o pertenecían a la dirección del MLN, seguidas por las que tenían penas más leves, y después las presas de otras organizaciones. La primera en escapar fue Alicia Rey, pareja de Amodio Pérez, de la que no se volvió a saber nada después de que huyó del país junto a él.

Para concretar la huida fue necesaria la colaboración de hombres desde el exterior, que ayudaron a cavar un túnel de 1,20 metros de alto por 80 centímetros de ancho que las presas atravesaron en cuatro patas. Utilizaron un gato hidráulico para romper las tablas del piso de uno de los dormitorios de la cárcel, y mientras eso sucedía las presas hacían ruido celebrando un cumpleaños, como forma de tapar los golpes que venían de afuera. Gabriel Schroeder —que murió en un tiroteo en 1972— se encargó de sembrar pistas falsas con ropas por las cloacas para despistar a posibles perseguidores.

Las presas salieron, a través de las cloacas, a diez cuadras de la cárcel, en una casa donde las esperaban otros compañeros y de ahí se fueron repartiendo en vehículos a diferentes escondites. En los meses posteriores, casi todas las “estrellas” volvieron a caer presas, pero ya no fueron a una cárcel de mujeres a cargo de monjas, sino a centros de reclusión en los que pasaron años en condiciones mucho más duras. 

“EL MAYOR DESAFÍO FUE ORGANIZAR TANTAS VOCES”

¿Cuáles fueron las principales dificultades para escribir este libro? Los problemas fueron más formales, de organización del material. No tanto de búsqueda de datos, porque las entrevistadas, salvo un caso puntual absolutamente comprensible, estuvieron muy bien dispuestas a hablar. El mayor desafío fue ver cómo organizar tantas voces y qué hacer con esas divergencias que había dentro del relato.

En el libro cuenta el encuentro de las hermanas Topolansky en la cárcel cuando ellas estaban distanciadas. ¿Cómo reconstruyó esa parte? Esa escena es muy impresionante. América García terminó de contármela porque la vio desde afuera, no era el relato de ninguna de ellas. Me ayudó a reconstruir la escena que yo tenía bastante bien armada, o me la podía imaginar bien gracias a María Elia (Topolansky). Todas las entrevistadas fueron muy generosas, pero María Elia tuvo una entrega y una disposición que no esperaba. Fue muy importante para reconstruir toda la fuga, todo el trasfondo ideológico, las diferencias que había adentro del movimiento y el contexto histórico del país. Ese desencuentro estuvo y es llamativo, porque uno siempre tiene esa idea de los gemelos tan cercanos. Pero ahí la lectura fue otra, que uno termina hermanándose con los que son sus compañeros de afecto, de lucha, y de abordaje ideológico. La lucha era común, la forma de llevarla a cabo era la diferencia que tenían, y esa diferencia era importante para que hubiera una distancia que después se fue acortando, porque buscando material de archivo posterior a la fuga las encontré juntas.

Siempre se dijo que el MLN no dio, salvo excepciones, lugares destacados a las mujeres, algo que queda reflejado en el libro. Y también es llamativa la visión crítica sobre la homosexualidad que usted menciona. Pensar que los movimientos de izquierda no son una resultante del momento en que surgen es un error. En ese momento, más allá de las libertades del Mayo francés o del movimiento hippie, que eran bastante rechazados por los movimientos de izquierda por considerarlos burgueses, en general las conquistas de género o la homosexualidad se las veía con ojos que hoy podemos decir que son conservadores, pero que respondían a la moral de la época. La izquierda en esos aspectos sexuales siempre fue bastante conservadora.

La Revolución cubana, por ejemplo. Exactamente. En Cuba todavía hoy la situación de los homosexuales es polémica. Incluso entre la pareja heterosexual, la moral que había en esa época sobre la infidelidad entre compañeros y compañeras era muy severa, porque se creía que la moral militante también llegaba al universo afectivo y que uno tenía que ser recto en todo sentido.

 Alejandro Guyot
Alejandro Guyot

Cuando se tocan estos temas, en general con visiones de afuera, ocurre que hay cierto enamoramiento con el MLN. El caso de José Mujica es un ejemplo. ¿Siente que pudo tomar distancia de eso? Porque estamos hablando de mujeres que participaron en acciones armadas, en algunas de las cuales murió gente. Es cierto que yo partí, no sé si la palabra es enamoramiento, pero de una inmensa afinidad. La sigo teniendo. Soy fruto de una generación que es la de mis padres que militaron en Argentina en ERP (la organización guerrillera Ejército Revolucionario del Pueblo), y que siempre miraron con mucha admiración la historia uruguaya, concretamente la de los tupamaros. Eran la versión blanca, “pura” de lo que se quiso hacer acá (Argentina) y se terminó haciendo de una manera más sangrienta. Yo quise hacer este libro por razones profundamente autorreferenciales, que tienen que ver con el universo ideológico de mi familia y con una muy buena predisposición. También fui el resultado de una época en la que lentamente se empiezan a revisar los movimientos de izquierda con un poco más de distancia, y se puede entender que más allá de perseguir esos objetivos a veces con acciones violentas, eran objetivos nobles. Creo que forma parte de hacer bien mi trabajo y de estar tranquila conmigo misma el poder decir que incurrieron en acciones violentas. Ayudada también por la autocrítica de las entrevistadas. Eso me llamó la atención y es un punto de cierta diferencia con el caso argentino: cuando hice las entrevistas hubo una mirada autocrítica; con el diario del lunes, entendimos que hubo un exceso y que la juventud tiene a veces ese problema, actuar primero y pensar después. El balance tiene que ver con las coordenadas morales en las que uno trabaja ahora. No sé si voy a decir que está bien o mal que alguien mate o secuestre, pero no puedo no decirlo.

La reconstrucción de la fuga es cinematográfica. ¿Quedó conforme con el resultado? Sí. Uno siempre quiere más detalles, pero al ser no ficción no podía poner detalles que no me habían dado. Tenía esa limitación. Si hubiera usado licencias de la ficción, podría haberle metido más detalles a todo, pero quería contar en función de lo que me habían dicho.

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