Foto: Adrián Echeverriaga

EDAD: 64 • OCUPACIÓN: PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN RURAL DEL URUGUAY (ARU), VETERINARIO Y MASTER OF SCIENCE • SEÑAS PARTICULARES: HACE MÁS DE SESENTA AÑOS QUE SU FAMILIA PARTICIPA EN LA RURAL DEL PRADO, SU PADRE TAMBIÉN PRESIDIÓ LA ARU, ES HINCHA DE NACIONAL

PABLO ZERBINO

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Nº1986 - al de Septiembre de 2018
Entrevista: Florencia Pujadas.

¿Cómo recuerda su infancia en Tacuarembó? Me crié en una familia muy especial. En Tacuarembó vivíamos con diez hermanos y muchos primos que considerábamos que el campo era nuestro mundo. Hasta que me vine a Montevideo, en la época del colegio, no conocíamos otro lugar. La adaptación a la ciudad fue difícil, pero cada vez que teníamos un rato, aunque fuera una semana, nos íbamos para allá. Mi padre trabajaba en Tacuarembó y eso nos marcó mucho: los diez hermanos tenemos un vínculo directo con el campo. Los cinco hombres, por ejemplo, son veterinarios o agrónomos. Y cuando estábamos en la estancia solo salíamos al pueblo para jugar algún partido de fútbol.

¿Nacional es otra de sus pasiones? No sé si es una pasión, pero me gusta mucho el fútbol y jugué durante varios años en la Liga Universitaria. Es algo que en mi familia llevamos en el alma y Nacional es el cuadro que nos gusta, siempre lo seguimos. Mi pasión, se podría decir, es la cabaña. Desde chico me gustaba estar ahí, ver a los animales y por eso me convertí en veterinario.

¿Sus hijos también trabajan en el campo? A todos les gusta estar en el campo. Tengo cuatro hijos y una también es veterinaria. Pero cuando los mayores tuvieron que optar qué actividad estudiar, el campo no estaba en un buen momento, no era una buena opción, y eligieron para otro lado. La mayoría desarrolló su vida de forma paralela.

¿Es cierto que los jóvenes se alejan cada vez más del sector agropecuario? Sí, es así. Hay más de 600.000 uruguayos que no están en el país porque no ven oportunidades y tienen que buscar en otro lado. Y lo peor es que son los más jóvenes y capacitados. Para explicar la situación está bueno citar al economista Robert Mundell, que dice que todas las economías pequeñas, como la uruguaya, son grandes exportadoras. Las exitosas son las que exportan muchos bienes y servicios. Y las que no, solo exportan gente. Eso es algo muy peligroso y caro, porque se invierte en su desarrollo y educación, pero cuando están prontos para devolvérselo al país, deciden irse.

¿Y cómo ve al sector agropecuario? Está en una situación difícil, algunos más que otros, y nos preocupa mucho, porque venimos reclamando para llevarle al Poder Ejecutivo y a los que hacen las normas nuestros sentimientos, la necesidad de cambios o de ajustes en las políticas que se llevan adelante. No queremos que el sector pierda capacidad productiva, pero en los últimos cuatro o cinco años estamos viviendo un período de retroceso. Después del gran boom que hubo entre 2005 y 2014, Uruguay ha venido perdiendo competitividad, está cada vez más desalineado y en menos condiciones para poder competir.

En 2017, en una entrevista con galería, Walter Serrano Abella dijo que el presidente que mejor entendió las necesidades del agro fue Jorge Batlle y el que menos Tabaré Vázquez. ¿Está de acuerdo? Depende a qué período se refirió. El sector agropecuario, en general, es relegado por los gobiernos, porque muchas veces cuando llegan los momentos de apertura del país lo primero que se prioriza, desde un punto de vista equivocado, es el de mantenerse. Se busca que el gobierno llegue al próximo período electoral con chances de ser votado y eso muchas veces va en contra de la producción. Los productores somos pocos, no somos más de 45.000, y no generamos muchos votos. Hay capitales importantes en las tierras, por lo cual es muy tentador aplicar impuestos que no están ajustados a la renta y que son ciegos. Con estas decisiones se agrava la situación y llega un momento en que no se da más y se termina con una gran devaluación en la que la pobreza se vuelve a manifestar y hay una pérdida de calidad de vida de toda la población. Y eso es lo que estamos viendo por delante.

Muchos dicen que la gente que trabaja en el campo se queja por falta de apoyo cuando les va mal y por excesos de impuestos cuando les va bien. ¿Qué opina de esta crítica? En los últimos 15 años no fue así. Hubo un período de bonanza y los impuestos se planificaron sobre la renta de los negocios. Eso está bien. Pero a medida que la situación se fue agravando, los márgenes se ajustaron y quedó menos dinero para las empresas. Y ahí empezaron a poner más impuestos. Solo hay que mirar nuestra realidad para saber que esas afirmaciones no son así. Lo que pasa con el sector agropecuario es que los gobiernos lo miran como un recurso para echar mano cuando hay necesidades económicas. Pero cuando se lo aprieta y se le exige más allá de sus posibilidades entra en un retroceso que es muy grave y el país lo siente.

¿Qué piensa de los autoconvocados? Es un movimiento que surgió de forma espontánea por la necesidad de un sector productivo muy amplio, que va más allá de lo agropecuario, que necesita mejores condiciones para trabajar. Ha hecho que se fortalezcan las gremiales, pero tiene un perfil difícil de sostener porque no tienen una institución abierta que los sostenga. Piden por cosas lógicas, coherentes y nosotros reclamamos por los mismo motivos. El movimiento tiene una gran fortaleza y es su poder de convocatoria, algo que a los gremiales muchas veces nos falta.

¿Hace cuántos años participa en la Rural del Prado? Yo vengo de toda la vida. Mi familia empezó a participar del Prado en 1952 y nunca dejó de venir. Cuando nací ya estaban viniendo y hace más de 60 años que participamos de forma ininterrumpida. Para mí, este es un entorno natural, me crié aquí.

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