Rubén Rada. Foto: Nicolás Der Agopián

Rubén Rada vuelve con lo mejor de su Rada para niños, se presentará en clave sinfónica en el Sodre y ya tiene un disco doble listo

“No subas al camión si no sabés para dónde va”

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Nº1986 - al de Septiembre de 2018
entrevista de Fernando Santullo

Se encuentra en un momento especialmente prolífico, encarando una serie de conciertos con lo mejor de sus espectáculos Rada para niños (del 16 al 19 de setiembre en La Trastienda, a las 15.30) y grabaciones de sus clásicos en clave orquestal para su Rada sinfónico, que presentará en el Auditorio del Sodre el 12 y 13 de octubre a las 20 y 19 h respectivamente. Además tiene listo un disco junto a sus tres hijos, Lucila, Matías y Julieta, que aún permanece inédito. A eso se suma el disco doble Distintos tonos de negro, en donde pasea por todos los géneros de música negra que lo han inspirado. En una tardecita invernal de sol, Búsqueda charló con uno de los artistas más diversos y creativos de la escena musical rioplatense. Uno que tiene, como quien no sabe la cosa, hasta un Grammy Latino por su trayectoria. Con 75 años recién cumplidos, Rubén Rada está muy lejos de ser el jubilado que ya son la mayoría de sus coetáneos. Activo, despierto, sacando música desde cada poro de su piel, es uno de los artistas uruguayos más relevantes de la segunda mitad del siglo XX y lo que va de este.

Más allá de tus infinitas composiciones, más allá de todas las cosas que hacés en la música, ¿te considerás un intérprete?

Sí, totalmente. Soy un tipo que cantó bossa nova, que cantó de todo. Canté en hoteles y en barcos. Por ejemplo, cuando empecé a cantar, el rock uruguayo estaba en pañales. Todo comienza a partir de Los Shakers, que se van para Argentina y yo me voy con ellos. Y claro, como yo era negro el productor dice: “Estamos intentando imitar a los Beatles”, y ahí el negro queda afuera. Después aparece El Kinto y todas esas cosas. Pero toda la vida trabajé en hoteles y en las boites; qué palabra antigua, boite. Tocaba en Orfeo Negro, con Mateo, que tenía un grupo llamado Los Malditos. Hasta que se arma El Kinto, que nace en Orfeo Negro. Y al mismo tiempo cantaba Garota de Ipanema, con Manolo Guardia. Arranqué con los Hot Blowers, con Cacho de La Cruz, con Bachicha Lencina, con los Fattoruso, cantando en inglés por fonética. Yo soy otra palabra antigua, soy un crooner. Y entonces se viene la onda de los grupos. Y ahí armé El Kinto. Después armé Totem y después La Banda, Opa. Para mí, lo más grande son los grupos, porque en los grupos estoy contenido. Por ejemplo, cuando tocábamos el Rock de la calle (canta el estribillo del tema, haciendo también la música), la gente pensaba que éramos una banda de rock. Y de pronto aparecían otras cosas que no tenían nada que ver con eso. Siempre fui un tipo que anduvo por todos lados, por eso me costó tanto que la gente entendiera que soy un abanico de cosas. Ahora la gente que compra discos míos sabe que va a encontrar de todo. Tengo pocos discos que pueda decir que tienen una sola voz. Está Black, está Miscelánea negra, está Tango, milonga y candombe, que es un disco serio. Pero casi todos mis discos tienen de todo.

"En la mayoría de las radios ahora se charla, se pasa poca música. Hablan, hablan y hablan. De pronto llevás un disco y lo pasan ese día y nunca más".

—Y esa variedad de estilos, ¿de qué es resultado?

—Y… de que me pongo a componer y puede salir cualquier cosa.

¿Y esa variedad también está en vos a la hora de escuchar música? Digamos que entre tus influencias, ¿también hay de todo?

—Sí, escucho de todo. Ahora, con la influencia de mis hijos, escucho muchas más cosas. Paso por el baño y está Julieta cantando una cosa, Lucila otra. Matías que está con el rock. Y voy robando de a poquito de todo eso que están escuchando.

Yo hago lo mismo. Le pregunto a mi hija, de 19: “¿Qué estás escuchando?”.

—Totalmente, para mí siempre es interesante conocer lo que escucha la gente que es mucho más joven.

Decías que Black es un disco de una sola voz. Pero Black es un disco variado, tiene una sonoridad específica, pero tiene de todo.

—Bueno, pero Black es un disco de pop. En un sentido amplio es un disco de pop. Y dentro del pop hay un montón de cosas distintas, incluido el rock. Por ejemplo, ahora saqué Confidence 2 y en los premios me pusieron como Disco de jazz y como Disco de candombe fusión. Y entonces llamé y les dije: “Muchachos, miren que es un disco de world music”. Es decir, un disco de world music que pasa por el jazz, por el candombe jazz rock, pero que no es un disco de jazz. En fin, me calenté y al final no figuré. Comparo mi disco con los discos que estuvieron nominados y siento que está bastante lejos de lo que se está haciendo en el género.

"Si escucho a Beyonce dos veces, a Michael Jackson dos veces, al rato estoy componiendo como ellos. Entonces lo que hago es cubrirme de eso. Logré algo que es muy difícil: tener un estilo. Que la gente escuche y diga: “Este es Rada”. Entonces trato de no escuchar mucho, trato de que no se me pegue, trato de ser salvaje con mi música".

Cuando entrevisté a Hugo Fattoruso me decía lo mismo sobre lo que está haciendo con el Trío Oriental: que su música no es jazz, candombe o música brasileña, pero que tiene elementos de todo eso porque es un destilado. Él lo planteaba como resultado de ir filtrando a lo largo del tiempo todas esas influencias. ¿Vos lo ves así?

—Sí, totalmente. Además, Hugo es del mismo palo que yo, Hugo se cansó de tocar en cabarets. Tiene anécdotas maravillosas. Una vez estaba tocando (Rada empieza a tararear un samba, va bajando despacito la voz, cierra los ojos y apoya la barbilla en el pecho) y se quedó dormido en la media hora de descanso. Y cuando lo despertamos, “Dale Hugo, que arrancamos”, continuó la melodía en el mismo punto en donde la había dejado antes de dormirse. Maravilloso. Con él hemos tocado de todo: música italiana, lo que fuera. Era una época en donde se le rendía mucha pleitesía a la música de afuera. Porque de Uruguay no había mucho, estaba Romeo Gavioli, Pedro Ferreira con su candombe, que era más querido en el Carnaval que otra cosa. Y no había rock, no había nada. Después se forma esa cosa con Los Malditos, Tótem, El Kinto, los Killers, Días de Blues, se armó una movida, un toco divino. Y entonces vienen los militares y desaparece todo eso.

La dictadura logra cortar el hilo cultural, especialmente en el rock. Gabriel Peluffo decía que a diferencia de lo que pasó en Argentina, donde gracias a una guerra lamentable como la de las Malvinas se potenció el rock local, acá se rompió ese hilo.

—Porque en Argentina los militares no querían que se escuchara música en inglés. Acá fue distinto. Yo le tengo mucho respeto al canto popular porque lucharon muchísimo y porque hubo gente a la que se llevaron presa. Se hacían conciertos en el Estadio y de diez artistas; al final tocaba uno solo porque a los demás se los habían llevado. Lo único que siempre le cuestioné, con todo respeto, al canto popular, fue ¿por qué dejaron al rock afuera? ¿por qué quedó la juventud afuera? Entonces ahí hubo un parate de un montón de años en donde no existió el rock. Y cuando vuelve el rock, vuelve haciendo “que el mundo fue y será una porquería”. Porque quedaron alejados de todo aquello, se cortó la línea. Hasta que los grupos que vienen después, La Vela, Los Buitres y otros, empezaron a uruguayizar el rock. Pero fue muy difícil en aquel entonces. En realidad, era y es muy difícil encontrar un camino en este país. Porque somos pocos, porque la gente es muy inmediata. Vos sacás un disco y a los tres meses viene un tipo y te dice: “Negro, ¿por qué no sacas un disco nuevo?”. Es como si no escucharan lo que hiciste.

—¿Y no será que en realidad a la gente efectivamente le importa menos escuchar un disco?

—El otro día me llamó Nico Cota, que era percusionista de Fito, y me dice: “Estoy podrido de grabar jingles”. Jingle es cuando hacés una canción, hacés un video y solo existe eso. Vos solo conocés ese tema y después sale otro con la misma mecánica. No se graba un disco. Y a mí me gusta conocer la obra, me gusta grabar la obra. En la mayoría de las radios ahora se charla, se pasa poca música. Hablan, hablan y hablan. De pronto llevás un disco y lo pasan ese día y nunca más.

"No me gusta que digan cosas como “Rada, el rey del candombe”. No soy el rey del candombe; el rey del candombe es Da Luz o Pedro Ferreira, los que hacen candombe todo el tiempo. No me gusta que me encasillen en un género".

—¿No será que la música ocupa ahora un lugar más accesorio, como complemento de otra cosa, de una charla o lo que sea, más central?

Mirá, yo me subo al auto con dos o tres pibes jóvenes y van pasando por diez mil músicas. Escuchan de todo, pero no se quedan en nada. Hablan, encima. Yo digo: “Bo, dejame escuchar un temita más de Pink Floyd, no me cambies todo el tiempo, no me hables arriba”. Es como que te estuvieran obligando al comercio, a ser comercial. A que grabes ese tema y que ese tema lo pasen dos mil veces y listo. Me siento como un dinosaurio, como un tipo que ya no está en este mundo.

Pero seguís haciendo música.

—Sí, sigo, porque la música es mi vida. Tengo que seguir trabajando, tengo un estudio, compongo. Vivo haciendo canciones. Tengo un disco doble, aparte estoy haciendo otro. Tengo un disco de mis hijos que es un disco pop, cantado en inglés, portugués y español. Sigo haciendo cosas aunque me cuesta entender cómo moverme.

En tu biografía decís que estás siempre componiendo.

—Siempre, en un bar, abajo de un árbol, en un tren, todo el tiempo. Estoy siempre con un grabador, que es el mejor regalo que me hizo mi hijo Matías. Me lo regaló cuando fuimos a tocar a Corea, se metió en una tienda y me compró dos grabadores de casete. No sabés, lo abracé. Ese mismo día en Corea compuse tres canciones. Me metí en el cuarto del hotel, grabé la voz y me puse a tocar en la mesa, estuvo buenísimo.

"Escucho de pronto Pink Floyd y me entero de que el loco estuvo un año para hacer esa letra. Eso para mí no es componer, eso es un trabajo. Para mí componer es meter el corazón".

Leyendo tus letras siempre encuentro algo que me fascina: sos capaz de poner una frase que puede parecer ligera, junto con otras que quedan repicando en la cabeza toda la vida. En el Rock de la calle decís: “Él siempre me pedía, no subas al camión, no vayas donde todos si no hay una razón”.

—El país ayuda. Es una letra que tiene que ver con la política. Esa frase tiene sentido en un contexto en que moría gente por sus ideas, por la Revolución cubana o lo que fuera. La idea es: metete en algo que sea importante, algo en donde seas vos realmente el que decide subirse. Una vez me contó un chiste un cubano: pasa un camión lleno de gente gritando “Muera Fidel”. Y un loco se sube y se pone a gritar: “Muera Fidel, muera Fidel”. Y de golpe pregunta: “¿A dónde vamos?”. “Al paredón”, le dicen. No subas al camión si no sabés para dónde va. Yo en todos los discos siempre trato de meter una canción que diga: “Mirá que no estoy durmiendo”.

¿Sos de escuchar música?

—Escucho, sí, pero de Mateo, de Hugo, de Milton Nascimento. Es decir, de quienes son pares conmigo y no me pueden influir. Si escucho a Beyonce dos veces, a Michael Jackson dos veces, al rato estoy componiendo como ellos. Entonces lo que hago es cubrirme de eso. Logré algo que es muy difícil: tener un estilo. Que la gente escuche y diga: “Este es Rada”. Entonces trato de no escuchar mucho, trato de que no se me pegue, trato de ser salvaje con mi música. Si escucho un disco de Lady Gaga, al rato soy Lady Gaga. Soy como Zelig, como me conozco y sé que soy así, le escapo.

"Yo le tengo mucho respeto al canto popular porque lucharon muchísimo y porque hubo gente a la que se llevaron presa. Se hacían conciertos en el Estadio y de diez artistas; al final tocaba uno solo porque a los demás se los habían llevado".

Sin embargo, escucho tus discos y aunque veo que Rada siempre es Rada, también se pueden detectar influencias de músicas del momento. ¿Controlás cuánta de esa música exterior entra y cuánta no?

—No, es algo que se va dando. Lo que sí sé es que no quiero repetirme, no quiero hacer siempre lo mismo. No me gusta que digan cosas como “Rada, el rey del candombe”. No soy el rey del candombe; el rey del candombe es Da Luz o Pedro Ferreira, los que hacen candombe todo el tiempo. No me gusta que me encasillen en un género. Tampoco me gusta que digan “Rada, el rockero”. Durante mucho tiempo no me llamaban para conciertos de rock. Y claro, Matías me decía: “Y qué querés papá, te ponés a hacer temas como Cha Cha Muchacha”. Esto lo he contado otras veces. Yo estaba en Uruguay y no podía quedarme, no podía vivir de la música. Así que un día llamé a Cachorro López y le dije: “Mirá, Cachorro, estoy harto de ser un músico elitista, de que todos me digan qué grande Rada, pero que nadie me compre un disco. Quiero vender discos”. Porque el almacenero me cobra como a cualquier hijo de vecino. Además, hice avisos, televisión con El Teléfono, Gasoleros en Argentina, empecé a usar otras cosas que había aprendido en El show del mediodía. Y entre todas esas cosas, finalmente me pude quedar en Uruguay.

Quién va a cantar me gusta, encuentro que tiene un montón de música. Pop es sinónimo de música popular, no de algo de mala calidad o de entretenimiento vacío.

—Totalmente, es un disco de buena música popular. Pero además la gente tiene que entender que Stevie Wonder es un cantante popular, que Sting es un cantante popular. Lo que pasa es que cuando algo viene de afuera, a la gente le suena grande. Sinatra zapateó, hizo películas. Cuando vos abarcás un montón de cosas, la gente no siempre lo entiende. Pensá, además, que yo vengo de cuarto de colegio, nada más. Aprendí que la palabra “ahí” llevaba hache de grande. En muchas cosas yo fui, como Martín Fierro, casi analfabeto mucho tiempo. Aprendí con la vida, con mis amigos, con la música, escuchando discos, leyendo, charlando. Pero vengo de ahí. Tampoco es que me preocupe la ortografía cuando aparece una letra. De golpe, en un par de horas escribo una letra; la escribo y le pido a mi mujer que me corrija.

¿Componés a esa velocidad?

Sí, me gusta lo intuitivo. Si no, no tiene sentido para mí. Escucho de pronto Pink Floyd y me entero de que el loco estuvo un año para hacer esa letra. Eso para mí no es componer, eso es un trabajo. Para mí componer es meter el corazón y sacar algo (se pone a tararear le melodía de Dedos), hago la fonética en un falso inglés y al final busco lo que funciona en español.

En tu biografía contás cómo fue componer Las manzanas

—Bueno, cuando pasó eso yo venía de Perú, donde había trabajado dos meses. Comíamos todo el tiempo sardinas con cebollas, para ahorrar. Entonces llego y paso por El Galpón y estaba Buscaglia que me dice: “Venite que tocamos hoy de noche pero mirá que son canciones nuevas”. Le dije que sí y que iba a componer algo. Agarré para abajo, hacia la rambla y fui memorizando lo que iba saliendo. Vuelvo y me siento con Mateo. Mateo armoniza la canción y así nace Las manzanas. Esa noche la canté como cuatro veces, la gente no se quería ir. Cuando me preguntan cuál es mi mejor canción, digo Las manzanas porque es la que le gusta al pueblo. Hay artistas que se aburren de tocar su canción más conocida, yo no. Me gusta tocar canciones que le gustan a la gente.

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