Las cartas

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Nº1990 - al de Octubre de 2018

Gustavo Zerbino fue el puente entre los que murieron en la cordillera y sus familias. El libro recuerda que las cartas que algunos de los chicos habían escrito en la montaña llegaron a sus destinatarios “gracias a que Zerbino, durante el rescate, se negó terminantemente a regresar si no lo hacía con las pertenencias de sus amigos que sabía le harían mucho bien a sus padres y hermanos”. Además de mensajes escritos en la valija Zerbino traía ropa, relojes, cadenitas, billeteras, documentos y todo tipo de efectos personales de sus amigos. Dos de esas cartas son las que escribieron Arturo Nogueira y Gustavo Nicolich a sus familias y que siguen a continuación.

Darta de Arturo Nogueira (1951-1972)

“En situaciones como esta la razón humana no llega a abarcar la comprensión del poder infinito y absoluto de Dios sobre los mortales.

Nunca sufrí tanto como ahora, físicamente, moralmente, aunque nunca creí más en Él. Físicamente esto es una tortura, día a día, noche a noche, con una pierna rota y el tobillo de la otra completa inflamado. Moral y espiritual por la ausencia y el deseo de ver a mi NEGRITA, a ti te quiero como no se puede querer jamás. En las noches me pongo a llorar en mi deseo de verte y abrazarte, así como a mamá y papá, a los que le quiero decirles que estaba equivocado en mis manifestaciones y me gustaría abrazarlos y decirles mamita y papito queridos. (...) Fuerza que la vida es dura, aunque merece vivirse, aún en el sufrimiento. VALOR”.
(Transcripción textual de parte de la carta)

Carta de Gustavo Nicolich (1952-1972)

Queridos viejos, Rossina y chicos,

Les estoy escribiendo a 8 días de haberse caído el avión.

Estamos en un lugar divino, todo cerrado por montañas y con un lago en el fondo que se va a deshelar apenas comience el deshielo.
Estamos todos muy bien, somos en el momento 26 los vivos. Hoy se murió la hermana de Nando Parrado.

oral existente es increíble y hay colaboración permanente entre todos. Roy (Harley), Diego (Storm), Roberto (Canessa), Carlitos (Páez), y yo, estamos perfectamente bien, solo un poco más flacos y barbudos.

El domingo pasado, pasaron por arriba nuestro dos aviones, dos veces cada uno, por lo que estamos muy tranquilos y lo que es más, convencidos de que nos van a venir a buscar. Lo único que nos hace dudar un poco, es que como el avión se desvió de la ruta, quién sabe todavía si nos vieron. Nuestra fe en Dios es increíble (se podría decir que es común en ciertos casos como este), pero yo creo que está muy por encima.

¿Se preguntan cómo vivimos? Bueno, la verdad que el avión no está todavía perfectamente acondicionado y por el momento no es un gran hotel, pero ya va a quedar bastante bien.

Agua tenemos de sobra, puesto que hacemos constantemente. Comida, tuvimos la suerte de que nos quedara una lata de Costamar, cuatro de dulce, tres latas de mariscos, algunos chocolates y dos botellas de whisky chicas. Por supuesto la comida no es muy abundante que digamos, pero da para vivir.

Los días acá, cuando son lindos, se puede estar afuera hasta más o menos las seis de la tarde, ahora, si están nublados, generalmente nos quedamos en el hotel (avión) y solo sale una pequeña cuadrilla a buscar nieve.

Los cuartos no son muy cómodos, puesto que las habitaciones son para 26 personas (no pudimos conseguir para menos), pero algo es algo. El espacio es un poco reducido, puesto que lo que quedó del avión fue de la cabina (que está deshecha) hasta la parte de las alas, que quedaron diseminadas muy atrás. Para que hubiera espacio, tuvimos que sacar todos los sillones para afuera y “cuerearlos” para que hubiera mantas para todos. Como verán, poco a poco estamos mejorando el confort.

Los extraño mucho y constantemente le pido a Dios que, por lo menos, si me quiere llevar hacia el infinito, me deje verlos un día más.
No me puedo olvidar de cuando llegaba todas las noches de tu casa, Rossina, y te veía a vos mamá tejiendo o arreglando algo, ni de vos papá, cuando me llevabas a la facultad o cuando charlábamos los sábados (puesto que la verdad, los últimos días te veía poco); culpa mía por supuesto.

Rossina, no podés imaginar lo que te extraño, no tengo manera de decírtelo; suerte que en la billetera tenía una foto tuya y todas las noches antes de acostarme le doy un beso, todo como si estuviera ahí, en tu casa, despidiéndome de ti. Lo único que quiero ahora es llegar, casarme contigo si tú lo quieres.

Pero no puedo pensar mucho en todo esto porque lloro mucho y me dijeron que tratara de no llorar, ya que me deshidrato; es increíble, ¿no?

Mónica, Ale y Raquelina (sus tres hermanos menores), tampoco se pueden imaginar lo que los extraño. Todos ustedes son lo único que tengo, por lo tanto, voy a tratar de sobrevivir de todas formas, si Dios me ayuda para volver a verlos.- Juan (García-Austt, el novio de Mónica, su hermana), tú trata de ser el hermano mayor que yo no pude lograr ser y por favor cuida a Mónica, a los viejos y a Rossina.
Vivimos haciendo chistes con la comida; todos los días a alguien se le ocurre, por supuesto, elegir el desayuno o la comida, y por supuesto ni en el “Bungalow Suizo” se come así (que no se enojen los Camou por esto). Yo los extraño mucho, Cristina, Rosario, Pinocho, Ama, Bettina, Raúl, el Gordo, Marito, Mónica (familiares y primos de su novia Rossina) a todos. Pero yo probablemente si me dieran a elegir, elegiría las comidas de Blanca y los vasos de leche de casa.

Es increíble lo que se puede llegar a valorar las cosas en estos casos. Nada hay como Montevideo, como casa, como poder verlos todo el día, como poder estar contigo Rossina todas las noches.

Ahora están aquí al lado mío: Daniel (Maspons), Diego (Storm), Arturito (Nogueira) y Álvaro (Mangino) y justo estábamos comentando que era muy raro que todavía no hayan aparecido los del rescate, pero a mí se me ocurre que estamos en un lugar bastante inaccesible, que solamente puede verse por tierra y que como hicieron unos días bastante bravos (tuvimos algunos aludes chicos), se han demorado. Esto y la fe en Dios que ahora tenemos, es lo que nos conserva tranquilos.

Rezamos todas las noches y las mañanas, y todos los días uno encabeza las oraciones comentando con sus propias palabras el sentido de la oración. Es una manera de darnos fe y ánimo mutuamente.

Todas las noches uno cuenta una anécdota suya y hay algunas muy divertidas, como de suegros y suegras, que ya se las voy a contar algún día. Espero que sea lo más pronto posible.

Lo increíble de todo esto es un amigo que me hice acá, el “Moncho” Sabella, dormimos generalmente juntos y de la mano y nos respiramos constantemente para darnos calor en las noches de frío. Si no hubiera sido por él, pienso que en la primera noche me hubiera muerto, puesto que como el avión estaba deshecho hacía muchísimo frío y esta fue la noche en que se murió el grupo más grande de gente.

Debo destacar entre ellos a Pancho Abal, que murió por tapar a la hermana del Nando, que ya les conté se murió hoy de mañana al lado mío. Carlitos (Páez), le dio masajes, pero ya no había nada que hacer.

Carlitos se fue ayer (20 de octubre), con Roberto Canessa, Numa Turcatti y Fito Strauch, a escalar la montaña por donde se cayó el avión, para ver si podían encontrar la cola y las baterías para poder hablar por radio, puesto que estamos totalmente incomunicados. No pudieron llegar puesto que el tiempo cambió mucho y se les hizo muy brava la caminata, ya que no tenían ningún tipo de aparato para la nieve; con todo, demostraron ser de los tipos más valientes de los que quedaron.

Carlitos es además el “pastillero” del grupo, se encarga de administrar todos los remedios; Roy es el cocinero, se encarga de repartir día a día la “suculenta comida”, lo que hace muy bien, aunque a veces se pasa un poco, pero como estamos entre amigos no pasa nada. Gustavo Zerbino y Roberto Canessa son los médicos, con la colaboración de Diego Storm, por el momento se están portando y hay varios heridos graves que lo están pasando mucho mejor gracias a la ayuda de ellos. Yo como veterinario coopero poco en estos casos.
Bueno, los dejo porque se está haciendo de tardecita y hay mucho trabajo que hacer.

Un beso grande para todos y los volveré a ver si Dios quiere, de no ser así, lo único que les pido es que tengan un gran valor y no se preocupen por mí porque estoy seguro que Dios me llevará con él.

A ti Rossina, ya no sé de qué manera decirte que te quiero y te adoro y que te extraño de una manera tan sobrenatural que nunca hubiera creído yo podría querer así tan intensamente.

Gustavo Diego Nicolich Arocena.
(La carta continúa pero en muy mal estado que no permite su comprensión.)

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