Nilsa Pérez. Foto: Nicolás Der Agopián

La institución exhibe “un récord” de matriculados y mejora sus niveles de retención, aunque crece la repetición y subsisten problemas de extraedad, formación docente, infraestructura y superpoblación

La UTU “hace rato” que cambió “de ADN”, sostienen sus autoridades

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Nº1986 - al de Septiembre de 2018
escribe Juan Pablo Mosteiro

“Vio, ministra... ¡Este es el verdadero cambio del ADN!”, comentó sonriente la directora general de UTU, Nilsa Pérez, a la titular de Educación, María Julia Muñoz, quien asintió a su lado. Ambas acababan de escuchar una exposición pública sobre los resultados de una encuesta a egresados de los cursos de educación media superior del Consejo de Educación Técnico Profesional-Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU).

El informe, fechado en julio y encargado a la consultora Cifra, reveló que siete de cada 10 bachilleres de UTU recibidos entre 2012 y 2014 hoy tienen trabajo formal y estable y cobran en promedio $ 22.000 líquidos. Según la investigación, la mitad de los egresados dijo haber cursado allí por vocación, interés o porque le gustó la propuesta educativa, y que esos estudios le permitieron ampliar sus expectativas laborales y prepararse para los cambios tecnológicos.

Al asumir la presidencia, Tabaré Vázquez prometió “cambiar el ADN de la educación” y también planteó como meta para este quinquenio que el 100% de los jóvenes de entre 12 y 17 años permanezca dentro del sistema educativo formal. “La UTU ya hace rato que cambió el ADN. Dejó de ser la Cenicienta de la educación media básica, superior y terciaria y pasó a ser una primera opción para unos 100.000 jóvenes”, dijo Pérez a Búsqueda.

Siete de cada 10 bachilleres de UTU recibidos entre 2012 y 2014 hoy tienen trabajo formal y estable y cobran en promedio $ 22.000 líquidos.

Pero además, agregó, “aporta al otro cambio que pidió el presidente”, porque le ofrece a los jóvenes “herramientas de vida” y “los pone en carrera para salir al mundo”. “Luego, ellos deciden qué hacer, pero con infinitas posibilidades. Sea un carpintero que se gana la vida fabricando palos de batería, como sé que hay alguno, o alquien que hace un curso de audiovisual, experimenta y termina trabajando en Hollywood”. Por todo eso, insistió la directora, “UTU cumplió”.

El presidente del Consejo Directivo Central (Codicen), Wilson Netto, informó el lunes 10 en el Parlamento que casi 80% de los jóvenes de 17 años están dentro del sistema educativo formal.

Durante estos 13 años de gobiernos del Frente Amplio, la matrícula de UTU aumentó 40%: en 2005 tenía 59.000 estudiantes y en 2018 totalizó 99.432; “todo un récord” en los 140 años de la institución. También bajó la desvinculación en educación media básica del 20% en 2016 al 15% en 2017.

Más allá de esos números, en la institución subsisten problemas de espacios locativos, de infraestructura, aulas “masificadas”, sobre todo en media básica, falta de equipamiento técnico y de capacitación y titulación docente, todo lo cual “preocupa” a las autoridades institucionales y sindicales (Búsqueda N°1.916).

Durante estos 13 años de gobiernos del Frente Amplio, la matrícula de UTU aumentó 40%: en 2005 tenía 59.000 estudiantes y en 2018 totalizó 99.43.

En estos años también se registró un aumento de la repetición en educación media básica de UTU, que trepó de 21,40% en 2016 a 26,84% en 2017, más de 9.000 alumnos. Asociado a este fenómeno se encuentra el problema de la extraedad de los estudiantes (llegó a 51,2% en 2015). En cambio, en media superior bajó dos puntos la cantidad de no aprobados (a 14,64%) y un punto la de quienes dejaron de estudiar en UTU (a 23,63%, unas 11.000 personas).

Ingeniera agrónoma y frenteamplista independiente, de 60 años, Pérez asumió la dirección de UTU en 2015, respaldada por Netto, quien también dirigió el CETP-UTU entre 2005 y 2012.

Pérez recibió a Búsqueda en la sala de acuerdos de la sede central de la calle San Salvador —edificio que terminó de construirse en 1890 para la Escuela de Artes y Oficios y que también fue un internado de menores—, en cuyo patio central destacan obras del escultor Octavio Podestá, exalumno y docente de UTU.

Tránsito, abandono y estrategias de retención. 

UTU creció a un ritmo de 4.000 alumnos por año. El “mayor salto” se dio en el nivel uno o Ciclo Básico, jóvenes de 12 a 15 años, que sumó más de 5.000 estudiantes desde 2015 y hoy totaliza 37.286. Mientras que el Bachillerato aumentó en más de 4.000 matriculados en igual período, aunque en los últimos años se mantuvo en “una meseta”, contando con 47.840 estudiantes al cierre de abril.

Si bien la institución muestra un crecimiento anual “sostenido” en todos sus niveles —un global de 10.927 matriculados más que en 2015—, la directora negó que el fenómeno se explicara por un “trasvase automático” de alumnos de Secundaria a UTU. Pérez lo adjudicó a múltiples factores, desde una política oficial para atender la creciente demanda, a un “cambio cultural” que trasciende fronteras.

UTU creció a un ritmo de 4.000 alumnos por año. El “mayor salto” se dio en el nivel uno o Ciclo Básico, jóvenes de 12 a 15 años, que sumó más de 5.000 estudiantes desde 2015 y hoy totaliza 37.286.

“Uruguay se vuelca cada vez más a la orientación tecnológica, que hoy llega al 50% en el mundo”, sostuvo. Y cambió la imagen institucional, explicó. “UTU dejó de ser la segunda opción para aquel que ‘no le da la cabeza’, como se decía. Dejó de ser una salida rápida y casi exclusiva del ‘joven pobre que no tiene dónde ir’ y necesita aprender un oficio para trabajar”, afirmó la jerarca. Esa imagen “cambió radicalmente” en este siglo. “Hoy UTU es una opción tan válida como la de Secundaria”, que llegó a 282.551 estudiantes en 2017, según el Monitor Educativo Liceal.

De hecho, el pasaje de alumnos de un subsistema educativo a otro es frecuente, apuntó Pérez. De los 5.130 desvinculados de educación media básica de UTU el año pasado, 23% “transita hacia Secundaria”. Asimismo, de los 11.226 que dejaron de estudiar en media superior, 16% se inscribió en un liceo en 2018.

La directora comentó que los motivos de los abandonos son múltiples. “Hay chiquilines que se inscriben en UTU pensando que es una opción fácil, y luego se encuentran que no lo es tanto. Ahí hay una primera desafiliación. Otros se apuntan a cursos que luego no los satisfacen”. Pero también “hay situaciones externas a la institución”, problemas de tipo familiar o personal.

Para atacar el fenómeno de la deserción, UTU ha generado “estrategias que buscan retener a los jóvenes en el sistema”, especialmente a edades tempranas, afirmó Pérez. Citó “los FPB” (Formación Profesional Básica), un plan que promueve educación y trabajo con mayor carga horaria de talleres “para atender las causas de la desmotivación de los chiquilines”, y “los CEC” (Centros Educativos Comunitarios), “para quienes no les sirve nada de la oferta educativa” y entonces se les propone cursar “áreas potentes” —robótica, deporte y audiovisual— para estimularlos y luego integrarlos al sistema.

La deserción, que “suele darse con fuerza tras las vacaciones de julio”, también obedece a problemas de infraestructura y superpoblación de clases —a su vez asociada al boom de inscriptos—, en particular en Ciclo Básico. “Aquí también conviven realidades muy dispares y complejas. Tenemos centros de nivel europeo, como los polos educativos tecnológicos de LATU o el de Tacuarembó, y edificios muy viejos con falta de mantenimiento, o nuevos con problemas de obra”.

La deserción, que “suele darse con fuerza tras las vacaciones de julio”, también obedece a problemas de infraestructura y superpoblación de clases —a su vez asociada al boom de inscriptos—, en particular en Ciclo Básico.

Según Pérez, la existencia de “grupos superpoblados” (clases con hasta 40 alumnos, lejos del ideal de 25) perjudica la oferta y la calidad educativa, y “favorece la desafiliación” por “falta de estímulos”. La masificación “más dramática” se da en los cursos prácticos, por lo que la institución promueve el trabajo con duplas docentes para subdividir las clases. A su vez, dijo, hay cursos con muy pocos alumnos.

No obstante, “el principal problema es cubrir las horas docentes”, afirmó la jerarca. En 2017 llegó a haber más de 9.700 horas vacantes en todo el país, que afectaron sobre todo a las áreas de informática, audiovisual, matemática, física y química. El plantel de profesores de UTU incluye a “muchos docentes no titulados”, dijo. Es la institución que tiene el número más alto de profesores en esa condición, ya que solo el 41% tiene título.

Pérez explicó que “muchas asignaturas tecnológicas no tienen una formación docente estructurada” y por eso unos cuantos profesores careceden de título, por ejempo en audiovisual.

Mar de fondo. 

Para la máxima autoridad de UTU, otro “salto de calidad” se dio en la educación terciaria, donde la institución amplió su oferta educativa, y pasó en una década de 11 o 12 tecnicaturas y carreras a más de 70, y de 4.000 estudiantes matriculados a casi 12.000. “Este crecimiento se logra innovando en tecnología, con ofertas más atractivas y dinámicas, articuladas con ministerios y empresas de los sectores productivos”, dijo Pérez.

Las carreras más demandadas de UTU son las de comercio, administración y servicios —sobre todo gastronomía, hotelería y turismo—, con casi la mitad de inscriptos en educación media superior y terciaria. Otras tecnicaturas con creciente demanda son deporte y audiovisual. Entre las que “pierden pie” está el área de electrónica, a favor de telecomunicaciones, robótica, mecatrónica o informática, área en que se capacitan 5.700 jóvenes.

Las carreras más demandadas de UTU son las de comercio, administración y servicios, con casi la mitad de inscriptos en educación media superior y terciaria.

Según la jerarca, la oferta educativa de UTU está en línea con el desarrollo productivo de Uruguay. Y sobre el punto, Pérez hizo suyas las palabras del consejero de UTU Miguel Venturiello: “Nos encontramos básicamente en dos escenarios. Por un lado, un parque industrial con tecnología del siglo XX. Y, por otro, emprendimientos productivos de diferentes portes; pequeñas, medianas y grandes empresas fundadas en tecnologías del siglo XXI”.

A eso, Pérez completó: “Y en esas aguas navegamos”.

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