En general, los niños tienen peor desempeño que las niñas.

Según la investigación de la Facultad de Ciencias Sociales, los docentes que discriminan al evaluar son los de mayor edad; en sexto la desigualdad desaparece por la mejor calidad de los maestros

Estudio académico detectó un “sesgo” a favor de los varones en las calificaciones escolares de alumnos de tercer año

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Nº1990 - al de Octubre de 2018

Las mujeres tienen más logros y mejores desempeños que los varones en todos los niveles de la educación pública uruguaya. Registran mayores tasas de culminación de los ciclos obligatorios (enseñanza primaria y media) y de asistencia a los centros educativos, y menores índices de repetición y de abandono. Además, se registra una feminización de la matrícula y del egreso universitario en todos los niveles académicos y de estudios superiores.

No obstante, al analizar las calificaciones finales de rendimiento en alumnos de tercer año de escuela, se observa un “sesgo” a favor de los varones, según un estudio del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Udelar).

Esa “discriminación de género” se diluye entre los escolares de sexto año, precisa la autora de la investigación, Claudia Contreras, quien vincula ese sesgo al mecanismo de elección de maestros. “Una posible interpretación de los resultados es que los directores asignan los mejores docentes a sexto grado”, evalúa.

Según el procedimiento de asignación de los docentes de Primaria, el director de la escuela determina a qué grado debe asignarse a cada maestro. Contreras explica que los directores designan los mejores maestros al primer y segundo grados, luego asignan a los de sexto —“con los docentes más adecuados para el cargo”— y, por último, completan los otros niveles educativos.

Del análisis surge que esa “brecha” en tercer año escolar responde, de hecho, al comportamiento de los maestros y no al de los alumnos, ya que “solamente” corrigen con sesgo los docentes de mayor edad (más de 39 años) y con más de 10 años de experiencia.

Las diferencias entre hombres y mujeres en el acceso a la educación obligatoria comienzan a observarse a partir de los 14 años, y la brecha se agranda entre los 16 y 17 años y se mantiene hasta los 22.

“Intuitivamente, podría llamar la atención que sean los docentes de mayor edad y con más experiencia los que califiquen con sesgo”, apunta la autora. Sin embargo, dice, este resultado coincide con lo que sucede en países como Brasil, Israel o Noruega, donde los docentes de más edad “son quienes más discriminan”.

Una explicación sugerida en la investigación es que estos docentes están “más tensos y su capacidad cognitiva más demandada debido a otras obligaciones”. También que acumulan “vicios en la corrección”, o que la diferencia se debe a “un cambio cultural” y generacional, por lo cual los docentes jóvenes son “más susceptibles al problema de la discriminación”, y “controlan” el sesgo al corregir.

La investigación, fechada en setiembre, comparó las calificaciones de las pruebas del Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo (Terce), un proyecto desarrollado por la Unesco que evaluó el desempeño escolar de 1.967 niños de tercero y 2.099 de sexto año de escuelas públicas urbanas y rurales de todo el país.

Contreras analizó las calificaciones globales, y abordó una serie de variables indicadoras de la comunidad educativa y de la responsabilidad del alumno. Así comprobó por ejemplo que las niñas dedican más tiempo al estudio en el hogar en ambos niveles y que no hay diferencias en la cantidad de asistencias por género en ningún caso.

Todos los resultados se analizaron bajo el supuesto de que los docentes califican en forma independiente el rendimiento y la conducta de los alumnos, según establece la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP).

Modelo de prejuicios. 

En Uruguay no hay diferencias “importantes” en los resultados educativos de varones y mujeres, como sí ocurre en otros países, dijo Rafael Rofman, especialista en estos temas del Banco Mundial que ayer, miércoles 10, comentó en una videoconferencia para periodistas de Montevideo un nuevo índice sobre capital humano difundido en el marco de la asamblea anual de ese organismo y el Fondo Monetario Internacional en Indonesia.

De hecho, Primaria no muestra diferencias importantes por género en el acceso y egreso. Aunque sí hay disparidad por género en la tasa de repetición y casos de extraedad, con mayores logros de las niñas.

Las diferencias entre hombres y mujeres en el acceso a la educación obligatoria comienzan a observarse a partir de los 14 años, y la brecha se agranda entre los 16 y 17 años y se mantiene hasta los 22.

Los mayores logros y desempeños educativos femeninos se dan en la educación formal obligatoria tanto en el sistema público como en el privado.

Además, los varones asisten con rezago o abandonan en una mayor proporción que las mujeres. La diferencia llega a un máximo de 16 puntos a favor de las jóvenes al final del ciclo medio superior a los 22 años, según el Instituto Nacional de Evaluación Educativa.

En la elección de las carreras también existe segregación por sexo: en mayor proporción las mujeres deciden seguir opciones humanísticas y los varones las ciencias básicas, tecnológicas y matemáticas (Búsqueda N° 1.989).

Por otra parte, los mayores logros y desempeños educativos femeninos se dan en la educación formal obligatoria tanto en el sistema público como en el privado. En el caso universitario, se observa una feminización en el ingreso solo para la universidad pública, pero hay mayores egresos de mujeres también en las privadas.

En su trabajo, Contreras detectó una “brecha” a favor de los varones en tercer año de escuela, pero no en las calificaciones de sexto año.

“El sesgo hallado resultó compatible con el ejercicio de discriminación docente”, dice la autora, pese a que la amplia mayoría de los maestros son mujeres.

La discriminación de género en calificaciones se define como un trato desigual a varones y mujeres al ser evaluados a parejo nivel de desempeño académico.

Si bien la amplia mayoría de los maestros dijeron no tener “estereotipos de género” sobre la facilidad de aprendizaje de los alumnos, esto “no implica que no tengan otros estereotipos al calificar”, afirma la autora, y advierte sobre una “discriminación implícita o estadística”. “Es posible que se esté frente a un caso de discriminación por prejuicios”.

La discriminación de género en calificaciones se define como un trato desigual a varones y mujeres al ser evaluados a parejo nivel de desempeño académico.

Contreras tampoco descarta que los docentes “posean ciertos estereotipos de género asociados al desempeño y, al estar más tensos o enfrentar mayores demandas simultáneas, ejerzan discriminación implícita e incluso discriminación estadística al calificar”.

Para la investigadora, los resultados “son compatibles con el modelo de prejuicios” sobre los docentes, y planteó tres hipótesis. Una es que “simplemente tienen una mayor simpatía hacia los varones”; otra es que “son más exigentes con las niñas, porque depositan mayores expectativas sobre ellas” y la tercera es que los docentes, “conscientes del fenómeno de la masculinización del fracaso escolar, favorecen a los niños en sus calificaciones como medida para estimular su progreso académico, frente a la evidencia de sus peores logros”.

Para la autora del estudio, “el sesgo a favor de los varones en las calificaciones de tercer grado debería estimular su esfuerzo y su vinculación al sistema educativo. Sin embargo, si el sesgo docente fuese acompañado por menores estímulos para los niños, debido a menores expectativas sobre su desempeño, los varones podrían estar siendo perjudicados”.

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