Negacionismo climático, antifeminismo y extrema derecha

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Nº2036 - al de Septiembre de 2019
por Pau Delgado Iglesias

“Nuestra casa está en llamas”, alertaba en enero Greta Thunberg en el Foro Económico Mundial en Davos. La activista climática sueca de 16 años comenzó en agosto de 2018 a protestar cada viernes frente al Parlamento de su país, exigiendo acciones urgentes para frenar el cambio climático. Se convirtió así en líder del movimiento global Viernes por el Futuro (Fridays for Future), que generó huelgas masivas en varios países de Europa, y que tiene también representantes en Uruguay (hasta ahora un grupo conformado por 13 adolescentes).

“Quiero que actúen como actuarían en una crisis. Quiero que actúen como si nuestra casa estuviera en llamas. Porque lo está”, cerraba Greta su discurso en Davos. Siete meses después, mientras atravesaba el océano Atlántico rumbo a Nueva York a bordo de un velero ecológico (para evitar las emisiones contaminantes de los aviones), supo que la selva amazónica ardía sin control. Desde la mitad del océano, el 22 de agosto, la adolescente tuiteaba: “Escucho sobre la cantidad récord de incendios devastadores en el Amazonas. Mis pensamientos están con los afectados. Nuestra guerra contra la naturaleza debe terminar”. El movimiento Viernes por el Futuro emitió de inmediato un comunicado en el que responsabilizaba directamente al gobierno de Bolsonaro por una política medioambiental que solo ve al Amazonas como “la gallina de los huevos de oro”.

“A mucha gente le gusta hacer circular rumores sobre que hay alguien ‘detrás de mí’ o sobre que me ‘pagan’ o me ‘utilizan’ para hacer lo que hago. Pero ‘detrás’ de mí solo estoy yo misma”, escribe Thunberg en el libro Cambiemos el mundo. #huelgaporelclima publicado en mayo por editorial Lumen. Si bien no resulta extraño que su firmeza contra los intereses del capitalismo extractivista moleste mucho y a muchas personas, es relevante señalar las características comunes de sus detractores. En un artículo reciente para la revista estadounidense The New Republic, el periodista sueco Martin Gelin explica que los principales ataques hacia la activista adolescente provienen de “hombres blancos” y poderosos, entre los que se encuentran, por ejemplo, un multimillonario activista pro-Brexit, un columnista australiano conservador, un activista británico de extrema derecha y un exmiembro del equipo de Trump.

Lo relevante, señala Gelin, es que aunque algunas personas podrían tomar estos ejemplos como una mera coincidencia, el hecho de que los ataques contra Greta sean liderados por hombres blancos coincide con un creciente cuerpo de investigación que vincula la “negación climática” con la extrema derecha antifeminista. En un artículo publicado en 2014, los suecos Jonas Anshelm y Martin Hultman encontraron que para los “escépticos del clima” la mayor amenaza no es hacia el medio ambiente, sino hacia una identidad masculina que perciben como “amenazada por todos lados”. Una forma de masculinidad para la que “el crecimiento económico es más importante que el medio ambiente” y que Hultman llama “masculinidad industrial ganapán”, en la que la naturaleza es entendida únicamente como un recurso de producción. “Asediados” por los desafíos que tanto la equidad de género como el activismo climático implican para sus modos de vida, muchos hombres encuentran en el nacionalismo de derecha, el antifeminismo y el negacionismo climático, causas cada vez más superpuestas para su reacción furiosa.

Los resultados de estas investigaciones se ilustran bien al pensar en figuras como Donald Trump, conocido por sus frases misóginas pero también por su postura negacionista del cambio climático —resumido en la frase “No me lo creo”, como respuesta al informe que el propio gobierno de Estados Unidos le presentó sobre el impacto económico del cambio climático—; o el propio Jair Bolsonaro, quien recientemente sugirió que la mejor forma de preservar el medio ambiente es “hacer caca día sí, día no”.

Greta Thunberg reúne mucho de lo que la primacía masculina desprecia: es mujer, joven y con síndrome de Asperger. Y quizás sea justamente eso lo que le permitió convertirse rápidamente en referente clave de un movimiento global. Las reacciones agresivas contra ella y contra tantas otras mujeres, día tras día, en todas partes del mundo, parecen intentos desesperados por aferrarse con uñas y dientes a una identidad masculina conservadora que ya no se sostiene en este momento de la tierra. “Hemos venido aquí para hacerles saber que el cambio está llegando, les guste o no”, dice Thunberg, y su voz joven y seca abre esperanzas de un futuro más inclusivo y respetuoso del entorno y de todos los seres vivos.

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