Tras la confirmación de los primeros casos, la demanda de consultas a domicilio creció de forma exponencial, aunque luego se estabilizó . Foto: Nicolás Der Agopián

Los médicos de radio viven la sobrecarga del Covid-19 y, mientras son aplaudidos, saben que pueden ser grandes vectores de contagio

5min
Nº2065 - al de 2020
escribe Martín Mocoroa
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El coronavirus es también ruido. Son los aplausos para los médicos que en la noche de Montevideo se superponen con caceroleos. Son las imágenes desesperadas de China, Italia y España; los hospitales desbordados, las morgues improvisadas. Son las conferencias de prensa de cada noche en la Torre Ejecutiva con gobernantes de gestos severos. Son esos líderes mundiales que toman medidas extremas y también esos otros que subestiman el potencial de esta gripe. Son las cuarentenas obligatorias, los miles de seguros de paro, son las ferias llenas de gente y las calles en las que predominan las motos y bicicletas de delivery.

En medio de todo ese ruido trabajan todos los días los médicos de radio uruguayos. Más allá de todo los movimientos que empiezan a hacerse previendo etapas más críticas, hasta ahora son uno de los pocos eslabones del sistema de salud realmente sobrecargado por el coronavirus y las cifras lo demuestran.

El lunes 16, tres días después de que el gobierno anunciara los primeros casos confirmados en Uruguay, las emergencias médicas duplicaron sus asistencias en domicilio. Según datos de las emergencias móviles SEMM, Suat y UCM, a los que tuvo acceso Búsqueda, en esa jornada entre las tres empresas se realizaron 3.500 consultas en domicilio. “Es el doble de salidas si se lo compara con el promedio anual. Y unas veinte veces más que lo que se atiende habitualmente en esta época del año en una emergencia de un hospital público como el Pasteur o el Maciel”, dijo el gerente general del SUAT, Guillermo Vázquez.

Tres médicos consultados contaron a Búsqueda cómo vivieron esas cifras en su experiencia diaria. Varios puntos son coincidentes, como el caos de los primeros días y el aumento de consultas que llega a triplicar el nivel habitual. En otros las visiones se cruzan, como los aplausos y la cacerolas.

Carina es la que suena más escéptica. Le resulta exagerado el “pánico generado” en torno al coronavirus, teniendo en cuenta la tasa de mortalidad que tiene la enfermedad, y le causan hasta cierta gracia algunas de las inquietudes que atiende. La han llegado a llamar pacientes porque “estornudaron diferente a lo que estornudan habitualmente”.

“Es cierto que hay que frenar la tasa de contagio, pero la mortalidad no es tan alta. La mayoría de la gente no muere y cursa una enfermedad leve. Hay que prevenir, pero no crear el pánico de que todos nos vamos a morir”, concluye.

Mauricio es la cara opuesta. No ve la hora de que el gobierno decrete la cuarentena general. “Vimos la película, todo lo que pasó desde Asia a Europa, y acá no se toma la decisión de la cuarentena general. Ya perdimos una semana, pasan los días y seguimos perdiendo la oportunidad. Cada día que pasa son días perdidos y de mayor nivel de contagio. Estamos viendo el desastre, estamos viendo copiada la misma situación de España e Italia y no podemos hacer absolutamente nada”, dice.

A pesar de la diferencia en el tono, los dos coinciden en algunas carencias en las condiciones de trabajo. Hasta esta semana solo usaban el kit completo para ver a los pacientes considerados sospechosos, aquellos con síntomas y contacto confirmado con un caso positivo o con síntomas y provenientes de los países considerados de riesgo. Algo similar ocurría con los tests, aunque los criterios fueron revisados. Durante estos días los médicos solo podían hacérselos si se ajustaban a la descripción de caso sospechoso.

Carina y Mauricio ven en esas condiciones en las que trabajaron hasta ahora una ironía. Los médicos, esos profesionales aplaudidos por estar en la primera línea de batalla contra el coronavirus, perfectamente pueden ser unos de sus más efectivos transmisores. “Podemos estar infectándonos sin enterarnos, laburando en la calle, viendo 800 pacientes y contagiando gente”, dice Mauricio. 

Carina complementa todavía con más crudeza: “Nosotros somos los principales vectores de transmisión en realidad. Yo te llevo todos los bichos a tu casa. Es un peligro que yo esté entrando a tu casa. No sabés con quién estuve antes, te llevo todas las bacterias, todos los microbios. Lo más seguro es que nosotros ya estemos contagiados. Antes de que explotara todo esto nosotros estábamos trabajando sin nada, sin tapabocas, sin guantes”.

Los dos también saben por su experiencia del subregistro de casos y del desconcierto a la hora de denunciar los pacientes sospechosos que van a Epidemiología. El martes Mauricio llamó para denunciar tres casos y Carina tuvo que informar de uno el lunes. 

“Llamé y me dijeron que ya ni estaban tomando esos datos. Están tan saturados que solo reciben información de gente confirmada o que esté más grave”, contó ella.

En el Hospital Británico los implementos están todos a disposición y la tercera médica consultada debió usar más de una vez “el disfraz de astronauta”. Le tocó atender varios casos que resultaron positivos, todos ellos vinculados al casamiento en el que estuvo la empresaria Carmela Hontou, que llegó con el virus desde Italia. En esas visitas pudo ver el alto nivel de transmisión del virus, vivió la preocupación de los pacientes y también la sintió ella, que teme que la enfermedad empiece a avanzar como en Europa. 

“Acá recién está empezando y te da cierto miedo que empiece a complicarse la cosa”, dijo.  

Entre los médicos circulan rumores de colegas infectados con el coronavirus. Ninguno de los tres consultados sabe de un caso positivo confirmado. Sí conocen médicos en cuarentena por haber estado en contacto con un caso positivo, la mayoría por haberlos atendido sin los implementos adecuados durante los primeros días. 

Aquello de los médicos como vectores de contagio quedó reflejado en un caso concreto, aunque en otro nivel. La periodista Patricia Madrid informó en su Twitter que parte del equipo de gestión del Hospital Español, incluido el jefe de CTI, había quedado en cuarentena por haberse reunido con una funcionaria del Ministerio de Salud Pública que fue diagnosticada como caso positivo. 

El Hospital Español es la institución elegida como centro de referencia en coronavirus para la capital. Fuentes médicas dijeron a Búsqueda que la funcionaria no entró en contacto con los coordinadores de área de la institución, lo cual garantiza su correcto funcionamiento. Sí, en cambio, estuvo reunida la semana pasada con Eduardo Henderson, quien es el principal candidato para asumir como gerente general de la Administración de los Servicios de Salud del Estado. 

A Carina le preocupa, más que el coronavirus, una tendencia que empieza a ver entre los pacientes como consecuencia lateral. Hay gente con otras patologías que requieren internación que se niegan a ser trasladados por miedo a contagiarse el virus en los hospitales. 

“No hay forma de obligarlos. Si vos te estás muriendo, pero no querés que te lleve, no te puedo llevar y lo tengo que dejar consignado en la historia. Eso me pasó a mí, le pasó a una colega y lo estamos viendo”, asegura.

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