Estrellas y estrellados

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Nº2053 - al de Enero de 2020
por Andrés Danza 

La historia está hecha de personas. Detrás de cada conquista, de cada movimiento, de cada país, de cada acontecimiento relevante, siempre hay seres humanos de carne y hueso como protagonistas, liderando. Esos hombres o mujeres son los que construyen o destruyen, abrazan o golpean, unen o separan, ganan o pierden. Primero están ellos y después los hechos.

Es importante detenerse en esa premisa para abordar el año que comienza. El 2020 será clave para definir y redimensionar los liderazgos políticos locales. Los nuevos, los vetustos y los que han sobrevivido a los años, todos estarán en juego en los próximos 12 meses. Este es el momento en el que quedará claro cómo será el próximo lustro y quiénes cargarán con él sobre sus espaldas, sea para bien o para mal.

Los que tuvieron la responsabilidad de ejercer la Presidencia de la República coinciden en que el primer año de gobierno es el más importante. Después siempre hay tiempo para corregir o intentar modificar el rumbo, pero empezar bien brinda tranquilidad y seguridad, dos palabras que pautan el éxito o el fracaso de cualquier administración.

Es evidente que el presidente electo Luis Lacalle Pou lo tiene clarísimo. También Julio Sanguinetti, uno de sus principales socios de la “coalición multicolor” y dos veces exmandatario. Cuando ambos se reunieron convocados por Búsqueda para un debate a fines de 2017, Sanguinetti se refirió a la importancia de empezar bien. Lo hizo, según dijo en forma explícita, como una recomendación de un “expresidente” a un “futuro presidente”. Y Lacalle Pou tomó nota.

Quizá por eso su primera prioridad sea un proyecto de ley de urgente consideración apenas inicie su gobierno, que incluya los temas más importantes. Allí estarán las bases de todo lo que ocurrirá después. Cada legislador tendrá sobre su escritorio en las primeras semanas el verdadero plan de la nueva administración y deberá actuar en consecuencia.

Tan importante será esa ley de urgencia y el presupuesto quinquenal, también a votarse este año, que servirán en la definición de los líderes a cargo de llevar las riendas del gobierno y la oposición durante los próximos años.

El presidente estará en la cúspide, no cabe duda, pero el Partido Nacional deberá contar con uno o más eventuales sucesores de Lacalle Pou que estén a la altura de encauzar un gobierno. El 2020 será un año parlamentario, y tanto la próxima vicepresidenta y titular de la Asamblea General, Beatriz Argimón, como el futuro presidente de la Cámara de Diputados, Martín Lema, tienen un perfil interesante como para poder competir por ese espacio. Antes deberán mostrar el potencial de sus liderazgos desde el viejo Palacio Legislativo, en momentos en que cada voto vale como si fuera el único.

Los posibles herederos de Lacalle Pou también pueden surgir del gabinete, y un dirigente que tiene un espacio muy grande como para intentarlo es el futuro secretario de la Presidencia, Álvaro Delgado. También hay varios ministros con un perfil muy político y con legítimas aspiraciones a competir por el premio mayor. Para lograrlo, tendrán que aprovechar de la mejor manera los focos que se encenderán frente a ellos desde el 1º de marzo.

En el Partido Colorado hay dos grandes figuras que acaparan casi toda la atención: una es Sanguinetti y la otra es el futuro ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Talvi. Sanguinetti ya es líder. Lo ha mostrado en varias oportunidades. Es más, es un líder acostumbrado a dejar a varios aspirantes a sucederlo por el camino. Tiene la intención de ser el gran articulador de la “coalición multicolor” desde el Parlamento, y es probable que así sea. Para eso ya se quedó con la conducción del Partido Colorado y cultivó una relación cercana con Lacalle Pou.

El desafío por delante lo tiene Talvi. Eligió formar parte del Poder Ejecutivo como canciller y quedar de esa forma subordinado al presidente de la República. Desde allí intentará tener un protagonismo positivo y asumir en forma compartida la conducción del gobierno. Lo suyo serán las acciones concretas más que los debates. Una jugada arriesgada. De su éxito o fracaso depende su futuro.

En el lugar opuesto se encuentra el líder de Cabildo Abierto, el general retirado Guido Manini Ríos. Tuvo la oferta directa del presidente electo de ser ministro de Salud Pública y se negó. Optó por buscar un lugar protagónico desde el Senado. Prefirió no quedar subordinado a Lacalle Pou ni al Poder Ejecutivo y moverse con absoluta libertad. Eso dice mucho de él. Ya desde el inicio se muestra orejano, en contraposición a Talvi. Son estrategias distintas, aunque con el mismo objetivo. El tiempo dirá cuál de las dos fue la más acertada.

En el Frente Amplio la situación es un poco distinta, porque sus principales dirigentes deberán consolidar su liderazgo desde el llano a escala nacional, por primera vez en 15 años. En el Parlamento las dos figuras que se perfilan en clara competencia por quedar a cargo de la bancada mayoritaria son el expresidente José Mujica y el ex precandidato presidencial Óscar Andrade. Los dos son carnívoros, políticos de raza, muy buenos elaborando estrategias. Ya mostraron algunas de sus armas. Se han criticado mutuamente en público, dejando en evidencia por dónde vendrá la polarización opositora. También el presidente Tabaré Vázquez ha mostrado en los últimos días su intención de seguir ordenando a la tropa después de la derrota. Y Vázquez, cuando juega, juega en serio.

Además, es probable que el Frente Amplio tenga al menos dos intendentes después de las elecciones municipales de mayo, uno en Montevideo y otro en Canelones. Son los dos departamentos con más población de Uruguay y desde esos lugares también se puede construir un buen proyecto nacional. Ejemplos sobran.

Pero falta mucho para las elecciones. En 2020 es el liderazgo político y no el electoral el que estará en disputa. Si se logra consolidar el primero, luego los votos vienen solos, son una consecuencia natural. Los votantes eligen a las estrellas que logran mantener su luz en el tiempo y no a los que, por querer brillar demasiado rápido, terminan estrellados. 

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