Esta no es una columna sobre el coronavirus

5min 2
Nº2064 - al de Marzo de 2020
por Fernando Santullo

Efectivamente, no lo es. Es, para variar, una columna sobre ciudadanos y ciudadanía. Sobre ciudadanos colocados en una situación excepcional, que deberán tomar decisiones difíciles y pasar por pruebas aun más difíciles. Una ciudadanía que muchas veces peca de perezosa o que espera el mandato de su partido para entonces decidir qué “piensa” sobre un tema. Una ciudadanía que esta vez es interpelada de manera radicalmente veloz por la realidad y que tiene que actuar en consecuencia. Ciudadanos para los que el tradicional mapa de “buenos” y “malos” no tiene demasiado sentido ante la urgencia sanitaria y económica que enfrentamos por culpa, claro, del coronavirus.

En un breve artículo reciente el politólogo español Manuel Arias Maldonado señalaba que “la cuarentena es como un regreso a la cueva: la especie trata de resguardarse de los peligros exteriores y abandona el campo abierto hasta que pase la tormenta” y agregaba que “el problema es que no acabamos de retirarnos a la cueva. Somos todavía, por utilizar una expresión del semiólogo Massimo Leone, una comunidad distraída: no hemos puesto aún toda nuestra atención en hacer lo que debemos hacer”. Creo que la imagen es exacta y que, efectivamente, estamos en un instante en que la distracción, la pereza o la inconsciencia pueden resultar fatales no solo para nosotros sino para el colectivo.

Por favor, que no se entienda este texto como un llamado a salir corriendo, gritando y tirándose de los pelos por culpa del miedo, potenciando así el caos. Todo lo contrario, lo que intento señalar es que hay ocasiones en que no basta simplemente con dejarse llevar por consignas partidarias o ideológicas y que la mejor forma de contribuir a mejorar el asunto es tener claro qué cosas dependen de nosotros como ciudadanos. En ese sentido este texto sí que señala a aquellos que en medio de una pandemia como esta siguen jugando su Game of Thrones personal, como si siguiéramos en la primera semana de noviembre del año pasado. A quienes siguen jugando a la sucia real politik, espero que el votante los abandone por mucho tiempo: los políticos irresponsables no deberían ser premiados nunca con escaños ni con votos. Al revés, deberían ser repudiados por inconscientes o directamente por burros.

Desde la perspectiva ciudadana parece interesante la idea de “comunidad distraída”, precisamente en un contexto en que, de golpe, recordamos cuán vulnerables somos como especie. Un contexto que está cambiando las reglas del juego y del que aún no es claro cómo se sale ni cuando. Un presente en el cual, a pesar de la sombra inmensa y casi sin control que se cierne sobre nosotros, aún queda gente que aprovecha para seguir buscando culpables en clave político-partidaria. Que pone el grito en el cielo si, ante la enorme tarea colectiva en la que estamos entrando sin beberla ni temerla, el gobierno decide dar 120 días más a las empresas para etiquetar sus productos con advertencias sobre excesos de grasas o azucares. Una comunidad distraída o, aun peor, una comunidad en donde unos cuantos de sus miembros siguen aún en campaña electoral, sin darse cuenta del impacto que tendrá en las vidas de todos lo que ya está ocurriendo. Un lujo que simplemente no nos podemos dar.

La responsabilidad ciudadana, esa que no depende necesariamente de que el Estado te ponga un policía en la puerta (¿de verdad alguien prefiere el modelo autoritario al modelo del autocontrol informado?), es una de las claves para impedir la propagación del virus. Un virus sobre el cual Margarita del Val, viróloga e investigadora inmunóloga del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de España, dice lo siguiente: “Sí, nos vamos a acabar infectando mucha gente. Todos no, hay población a la que no le afecta o le afectará de forma casi imperceptible y aún no se sabe por qué. Las estimaciones son muy altas y creo que correctas, y lo importante efectivamente es que no nos infectemos todos a la vez. Es como cuando uno va a sacar dinero en el banco: si vamos pocos, no pasa nada, pero si vamos miles o cientos de miles a la vez, el sistema financiero se colapsa. Cuanto más tiempo tardemos en infectarnos la mayoría más benigno será, es una enfermedad que se cura muy bien cuando tenemos los cuidados médicos adecuados: antiinflamatorios, antipiréticos, respiración asistida, UCI disponibles, etc”.

El ejemplo de la corrida bancaria es perfecto: se trata de no saturar los servicios sanitarios, de forma que estos puedan atender a quienes más los necesitan. Tomar conciencia de que nuestros gestos (quedarse en casa, evitar al máximo el contacto con terceros, etc.) tienen un sentido que va más allá de nuestro interés personal, un sentido de comunidad y hasta de especie. Claro, es un poco raro que todo el andamiaje social que hasta hace dos días te decía “hacé la tuya” ahora te diga “cuidá a los tuyos, que son todos”. Pero seleccionar los mensajes que mejoran nuestra vida como colectivo también es, en su versión micro, responsabilidad de cada ciudadano. Podés votar, casarte, tener propiedades, deberías poder tener un mínimo sentido social de las cosas, aunque sea solo porque para poder ejercer cada uno de tus derechos, necesitás de todos los ciudadanos que te rodean.

Lo que nos lleva a las medidas que hay que tomar para no profundizar la crisis en sus impactos económicos. Desde el gobierno se dice que eso viene después y yo creo que es un error: el plan económico tiene que estar diseñándose y discutiendo ya. Entiendo el paquetazo brutal que esta crisis implica para un gobierno que recién asume, pero gestionar los aspectos económicos a futuro es parte del total del problema presente. Por supuesto, tampoco en este terreno tiene sentido discutir en términos de “tipos ideales” weberianos: una cosa son las herramientas de análisis y otra lo que ocurre en la realidad. Si, por ejemplo, ante el anuncio de que Dinamarca piensa capear el cierre de su economía con medidas que implican un acuerdo entre Estado, empresas y trabajadores, te ponés a discutir sobre si eso es liberalismo o socialdemocracia, estarías no entendiendo lo central de que lo que hizo Dinamarca: tomó las medidas que creyó necesarias ya, dejando el debate sobre tipos ideales inexistentes para la academia y para Twitter. Eso es, precisamente, gobernar. Pero gobernar tampoco es suficiente en este momento, se necesita además una ciudadanía consciente de la parte que le toca.

¿Qué tal si cada ciudadano deja de esperar a que papá Estado le pegue por hacer las cosas mal y decide dejar de hacerlas simplemente porque la vida de los más débiles va en ello? Obviamente (es increíble tener que aclararlo) esto no equivale a decir que el Estado no tiene que hacer nada. El Estado tiene que hacer todo lo que le compete al 100%. Pero sin responsabilidad ciudadana eso no va a ser suficiente. Estamos ante una situación inédita que requiere de una ciudadanía inédita. Si seguimos distraídos, no habrá Estado que venga a salvarnos. Como dice Arias Maldonado: “Toca concentrarse”.

Regístrate sin costo, recibe notas de regalo.