Jorge Polgar. Foto: Nicolás Der Agopián

El BROU se modernizó, mejoró sus números y apoyó a sectores en dificultades sin caer en prácticas “funestas” como en el pasado

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Nº2054 - al de Enero de 2020
entrevista de Ismael Grau

Mientras algunas empresas públicas todavía arrastran problemas serios, el Banco República (BROU) aumentó su patrimonio y logró ganancias record, que rondaron los US$ 500 millones en 2019. Más allá de los números, Jorge Polgar, su presidente desde mediados de 2016, está conforme con los cambios internos ejecutados —organizacionales, de gestión, tecnológicos—, que según dijo dieron paso a un banco “mucho más moderno”.

También lo deja satisfecho que, cuando la economía pasó “del auge a prácticamente el estancamiento” y aparecieron empresas con problemas, el BROU dio apoyo mediante acciones que están “muy lejos de aquellas funestas refinanciaciones por ley que dejaban niveles altísimos de morosidad” y “carteras pesadas”.

Anota en la columna del debe que no se logró modificar la escasa cultura del ahorro de los uruguayos —“no, no, no, falta, falta. Lejos”—, si bien cree que con la polémica inclusión financiera se dieron algunos pasos en la dirección correcta.

Ya casi cerrando el ciclo de gobiernos del Frente Amplio, Polgar hizo balance de su gestión en el BROU en diálogo con Búsqueda.

—¿En qué condiciones quedará el República cuando se produzca el cambio de autoridades?

—Ejecutamos un plan estratégico muy ambicioso, en el marco de un mercado muy competitivo y con mayores exigencias regulatorias. Implicó fuertes transformaciones internas —que no siempre son visibles—, en las que se movilizaron aspectos de la cultura organizacional, que es algo doloroso. Se hicieron cambios en aras de la eficiencia no pensando en bajar costos solamente, sino aprovechando economías como forma de mejorar aspectos de la competencia donde el banco tenía debilidades. Era un banco de compartimentos estancos, y hoy es mucho más moderno, ha trabajado para abatir los costos de transacción: gestiones, trámites, papeles.

También el cambio de modelo de atención en sucursales implicó mucho trabajo. Somos un banco con más de 130 sucursales; de los 3.800 funcionarios, 1.800 están en la red física; el plan apuntó a aumentar el valor agregado, para que sean más protagonistas en la concreción de negocios, superando la etapa de aquel banco más tradicional, de lunes a viernes, con horario de una a seis y atención presencial.

Hoy el BROU es más moderno en lo organizacional, con nuevos productos y muchos más clientes —pensemos en los 400.000 que trajo la inclusión financiera o unas 20.000 micro y pequeñas empresas (mypes) que empezaron a trabajar con el banco. Con las mypes hubo un cambio de paradigma: ya no es ir a buscar al cliente por el lado del crédito, sino que traiga su cuenta al banco. Antes no trabajaban con el banco, o algunas lo hacían como personas físicas, sin un producto acorde a su necesidad.

Además, desde el punto de vista tecnológico completamos con éxito todo el cambio de sistema, lo que para cualquier empresa con operativa continua es un desafío enorme.

Hoy el BROU compite en mercados donde estaba muy débil o incluso ausente. Eso no solo lo hace cumplir con su rol, lo que es bueno para el propio banco, sino que genera mejoras en el bienestar de las empresas, de la población y de la economía en general.

—¿Esa modernización es percibida por la gente o se mantiene una imagen de entidad quedada en el pasado?

—Hoy en el mercado financiero se valoran atributos más allá de la confianza, que tiene que ver con la calidad de los servicios, la atención, la rapidez. Tenemos estudios profesionales de opinión pública y de los clientes que muestran una mejora constatable.

Los bancos en general son percibidos como que demoran y exigen mucha documentación; el BROU no era ajeno a esto, sumado a que es una institución más grande y pública. Con nuevos procesos, nuevos productos competitivos, trabajando con menos requerimientos en muchos casos —sin aumentar los riesgos—, logró mejoras concretas en todas estas áreas, si bien hay cosas que faltan todavía.

—Más allá de todos estos cambios que destaca, ¿cuál es, en los números, el banco que recibirá el nuevo gobierno?

—Ya hace años que el BROU da resultados positivos. Es interesante, porque por algún lado ya se dice —y lo escuché con preocupación— que porque es un banco público no debe preocuparse por las ganancias. ¡Eso es una irresponsabilidad absoluta! Eso ya lo vivimos en el pasado.

Por ser una empresa pública, la finalidad no es dar ganancias. Pero es un banco, y los uruguayos le depositan decenas de miles de dólares. Lo primero que puede hacer para honrar la tranquilidad de sus depositantes y la estabilidad del sistema financiero es mostrar su solvencia: su patrimonio y sus ganancias.

En 2018 las ganancias fueron de US$ 440 millones y en 2019 rondarán los US$ 500 millones. Y el patrimonio supera los US$ 1.900 millones, lo que es record. Pero lo importante es cómo genera estos números; siendo un banco más moderno, con procesos más eficientes, productos más acordes y negocios más diversificados. Esto es lo que permite proyectar estas ganancias también hacia el futuro.

—¿Qué rol cumplió el República para apoyar la actividad productiva, en particular en estos años de estancamiento y problemas en algunos rubros?

—Relevante. Es una frase hecha: el BROU siempre tuvo la vocación de acompañar a los clientes, pero aparte debía tener capacidad para hacerlo. La banca es muy procíclica, y cuando la economía crece el banco crece, y cuando la economía anda mal, a los bancos le va peor y no están en condiciones de apoyar a clientes con dificultades. El BROU hizo exactamente lo contrario: a clientes de sectores en problemas —arroz, leche, cultivos de secano— les ofreció refinanciaciones al mismo tiempo que dio créditos nuevos porque de esto se salía trabajando. Fue un proceso prolongado en el tiempo, de medidas especiales, pero muy lejos de aquellas funestas refinanciaciones por ley que dejaban niveles altísimos de morosidad en el banco y carteras pesadas. Hay que ver que la economía completó todo un ciclo, del auge a prácticamente el estancamiento, sin que aparecieran niveles de morosidad complicados, ni un tendal de clientes por el camino.

No se trata de que el banco haga subsidios. ¡Nadie querría depositar en un banco que se jacta de hacer subsidios, que son pérdidas deliberadas! Es tener la liquidez y la situación patrimonial, y los criterios de riesgo para poder identificar oportunidades de repago de clientes que están con problemas financieros, que solo empeoran si el banco no llega con soluciones.

Para que se pueda ser contra-cíclico, lo importante es tener negocios diversificados. En el pasado el crédito social era, por lejos, la mayor fuente de ingresos del BROU, y hoy es un tercio. El banco tiene una cartera más diversificada, también en ingresos por servicios.

—En diciembre la presidenta de Ancap junto a un grupo de profesionales adhirieron a una propuesta de “agenda” para la reforma de las empresas públicas que le dé “autonomía del poder político”. ¿Leyó el documento? ¿Lo comparte?

—No lo leí. Pero puedo decir que en el caso del BROU hay cero interferencia política en la gestión. Sí hubo una definición política en cuanto a qué dedicar esfuerzos: a la inclusión financiera. No creo que las empresas públicas deban dejar de ser instrumentos del accionar amplio del gobierno; deben tener planes estratégicos acordes a cierta concepción articulada y deben rendir cuentas ante el sistema político. Eso no debe confundirse con el clientelismo político, que era un viejo accionar.

La banca en general hay que ver que está fuertemente regulada y que el regulador también se ha fortalecido. No aplica lo que se pueda pensar con los reguladores de otros sectores.

Por otro lado, habría que precisar qué se entiende por interferencia política, que sugiere algo que pone palos en la rueda o que les cambia el rumbo. Hay grandes definiciones que marcan el rumbo de las empresas públicas, que tienen que ver con dónde se ven aportando valor.

—En el caso del República, ¿cuál fue el rumbo?, ¿fue participar en la inclusión financiera?

—Básicamente la inclusión financiera, sí; el banco no recibió ningún mandato, pero participó con entusiasmo.

—El presidente del Banco de Seguros del Estado, Mario Castro, propuso discutir que entre 30% y 40% del capital de las empresas públicas se abra a funcionarios y pequeños ahorristas, para motivar al logro de objetivos, estimular el “sentido de pertenencia” y favorecer el desarrollo del mercado de capitales (Búsqueda Nº 2.053). ¿Qué opina sobre esto?

—No estoy de acuerdo en abrir el capital.

Las empresas públicas no tienen un problema de financiamiento, que es la razón por la cual una empresa emite acciones. Si los tuvieran, habría otras formas.

Por otro lado, los desafíos de gestión, transparencia y productividad se pueden encarar de otras maneras: planes estratégicos y su marcha presentados ante el gobierno y difundidos públicamente, o parte del salario como remuneración variable por metas, algo que ya existe.

El argumento de que serviría para dinamizar el mercado de capitales no lo comparto, aunque fuese el caso. Las empresas públicas deben enfocarse exclusivamente en su objetivo y especificidad; allí han radicado precisamente algunas de sus mayores debilidades, por la falta de foco, y asignarles objetivos ajenos a su rol.

—En el acto en el que tomó el cargo dijo: “Algo que sentimos que está en el ADN del BROU, en tanto banco público, es seguir machacando en promover el ahorro”. ¿Se logró un cambio cultural en esto?

—No, no, no, falta, falta. Lejos. Pero se dio un enorme paso porque, desde el punto de vista instrumental, lo necesario para que se empiece a ahorrar es que existan las cuentas. Y teníamos cientos de miles de trabajadores uruguayos, formales, que no estaban bancarizados. Tener una cuenta permite no solo el acceso en mejores condiciones al sistema de pago —más ágiles, más modernos y seguros— y al crédito, sino también al ahorro. Me refiero a productos especiales, como Ahorro en sueldo, con un criterio de alcancía: pequeños montos que se vuelcan de manera automática. Con la inclusión financiera y una muy potente transformación, hoy tenemos más de 400.000 uruguayos con cuentas gratis en el BROU. Es un gran paso; el siguiente es seguir desarrollando la cultura del ahorro haciéndolo fácil y remunerándolo con tasas de interés positivas.

Volviendo a su pregunta: para instalarlo como cultura, falta mucho y nos incomoda.

Recuadro: La regulación ante la  “novelería” tecnológica

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